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Jueves 26 de Abril de 2012 - 12:01 AM

Orquestas que estafan

Columnista: Epistolas Laicas

Es lamentable registrar cómo un sinnúmero de orquestas famosas contratadas por entidades o clubes sociales a precios que llegan a varios millones de pesos, amén de otras exigencias sobre alojamiento, alimentación, transporte etc., no tienen ningún remordimiento de conciencia para, explotando lo último en tecnología de sonido, presentarse a realizar su espectáculo utilizando pistas, en lugar de actuar como se les contrató, en vivo y en directo. Tal actitud constituye una estafa a la entidad contratante; a los asistentes al espectáculo que han pagado una alta cuota por su ingreso y están libando licores a precios  reajustados considerablemente; a personas o entidades que de manera directa o indirecta han tenido que ver con la preparación, promoción y desarrollo del espectáculo y a sus admiradores que  esperan que la imagen de sus preferidos, la calidad de su presentación y el desarrollo del  espectáculo se mantengan en los más altos niveles de popularidad y aceptación.

Podría haberse pecado por exceso de confianza por parte de los contratantes hacia los contratados, toda vez que se estima que su prestigio y la fama de la cual vienen precedidos son prenda de garantía para creer que lejos de pensar que exista cualquier estafa sobre el particular, por el contrario, los promotores y los asistentes gozarán de actitudes generosas por parte de los artistas, no consideradas en el contrato pero que se supone corresponden al regocijo y a la aceptación magnánima que se les ha prodigado mientras actúan.

Estas estafas que ya han sucedido y que han pasado inadvertidas por contratistas y por asistentes entusiasmados con el costoso licor que los obnubila, ameritan que en los contratos se introduzca una cláusula que contemple una sanción pecuniaria muy alta para la agrupación que así proceda. Basta una primera sanción ejemplarizante para que dicha agrupación y por precedente, las demás que la imitan, eviten continuar con su estafa esquilmando a quienes honestamente han creído y considerado que los artistas, si es que se les puede llamar así, merecieron su apoyo. ¿O será que la estafa es concertada con los promotores, llámese entidad o club social? Imposible. No podemos creerlo.
Escritor  Ito

Autor:
Epistolas Laicas
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