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Martes 13 de Noviembre de 2012 - 12:01 AM

Palabras Inútiles

Columnista: Ernesto Rueda Suarez

Obama promete que «lo mejor está por venir»; y Romney, como buen perdedor, ha dicho que habrá colaboración para garantizar la gobernabilidad. Nada de canibalismo político, al mejor estilo de las repúblicas subdesarrolladas; lo que no significa ausencia de crítica y oposición. La controversia partidista tiene sus escenarios en el Congreso. Habrá grandes batallas, al tenor de los resultados de las muchas consultas realizadas, que modelarán la futura política interna de los Estados Unidos, con consecuencias globales, como las que tienen que ver con el derecho al aborto, la legalización de las drogas, los matrimonios abiertos, y un largo portafolio de derechos de minorías. Con Obama o sin Obama, Estados Unidos es imperio, pero no todos los emperadores son iguales ni piensan lo mismo. Una gran distancia había, por ejemplo, entre Claudio o Nerón, comparados con el gran Adriano.

Algunos analistas presentan como preocupante y peligroso que el país esté dividido. ¿Cuándo no lo ha estado? Así lo diseñaron los Padres Fundadores, para garantizar la democracia real. Otra cosa es que el Partido Republicano haya tomado una senda ultraconservadora, con movimientos que asustan como el Tea Party. Corresponde al segundo gobierno de Obama no defraudar, no a sus electores inmediatos –que contó con la creciente influencia de todas las minorías-, sino a la nación entera, y al mundo. No hay, pues, asomo de unanimismo o de pensamiento único, que es una pretensión autoritaria y dictatorial, que añoran muchos políticos y gobernantes latinoamericanos.

China Acaba de celebrar el XVIII Congreso del PCCh, en donde se «renovaron» los mandarines del nuevo imperio chino, que será –o ya es- la gran contraparte de Estados Unidos, y general para el mundo occidental. Los dos representan realidades políticas opuestas, y se disputarán, el mundo, o mejor, la supervivencia del mundo. Marx y Mao, deberán estar enterrados bocabajo para no ver en que pararon sus propuestas, aunque no dudo de que Mao aplaudiría a Deng Xiaoping, porque fue la encarnación misma del pragmatismo.

Autor:
Ernesto Rueda Suarez
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