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Martes 18 de Diciembre de 2012 - 12:01 AM

Palabras inútiles

Cada fin de año tenemos la costumbre de rendir cuentas. Los gobernantes las dan, y son pulcros, honestos, brillantísimos. Millones de crédulos piensan que el 21 de diciembre se acaba el mundo. Fabricantes milenarios de mitos tan exitosos como el Vaticano han dicho que no es verdad; no resisten la competencia, más si es precolombina. Este año no ha sido menos agridulce que los anteriores; pero los que creemos –sin ser crédulos-  en los derechos modernos estamos asombrados de que una institución occidental como la Compañía de Jesús, por encima de un Estado Social de Derecho, se comporte igual que el islamismo integrista, mismo que tiene condenado a muerte hace décadas al escritor Salman Rhusdie. Estoy en la otra orilla del  padre Llano, pero es inaudito que a un pensador como él le prohíban hacer público su pensamiento. Para la Compañía el padre Llano ha cometido herejía, el más grave pecado de la Iglesia. Si estuviéramos en 1500, ardería en una hoguera. Esta Iglesia se empeña en defender las cosas más absurdas que pueda soportar el siglo XXI. La lucha entre el dogmatismo y la ciencia siempre existirá, pero no hay derecho a seguir utilizando la ignorancia y la credulidad como arma política. Que vengan a estas alturas con la trascendental discusión sobre si había o no burro y vaca como testigos del nacimiento del Salvador es ridículo, así lo diga su representante legal en la Tierra.

Como Saramago y Mailer, tengo un profundo respeto por los grandes mitos fundacionales del cristianismo, pero no hay derecho a exagerar, ni a pedir tanta ignorancia y credulidad. Por eso me encantan sus novelas –que han querido llamar “evangelios”-, que no son inferiores a las narraciones literarias de los cuatro evangelistas impuestos por la Iglesia. Menos mal que esos escritores estaban más allá del “brazo armado” de la Inquisición contemporánea, y nadie les prohibió seguir pensando y escribiendo, excepto la muerte.

Post scriptum. 1.- Hemos tenido acceso a las extraordinarias novelas del Nobel chino Mo Yan. Sigue la milenaria tradición de excelsos escritores clásicos como Cao Xue Qin o el anónimo Jin Ping Mei. Un exquisito banquete  de fin de año. 2.- Esta columna, desocupados lectores, reaparecerá el martes 29 de enero.

Autor:
Ernesto Rueda Suarez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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