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Ernesto Rueda Suárez
Martes 19 de marzo de 2013 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Publicado por: Ernesto Rueda Suarez

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Las últimas cifras publicadas por el PNUD muestran que Colombia ha «progresado» en materia de desarrollo humano; hemos subido algunos puestos en el escalafón mundial. Estamos en la medianía, en la mediocridad –ocupamos la casilla  91 entre 186-  y hasta Venezuela está mejor. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es una medida más compleja que las simples cifras de crecimiento como el PIB. Pero no  suficiente y como todo índice esconde tremendas tragedias y desigualdades no solo entre países, sino dentro de un mismo país, y aún dentro de una misma ciudad. En Colombia vemos regiones como Chocó o la Guajira que están por debajo de los más pobres de África o de Haití. En barrios de Cartagena, Bogotá o Buenaventura  encontramos el horror.

Con las cifras, por respetables que sean, yo puedo decir lo que quiera. Pero hemos «progresado», el país crece, pero ese progreso no ha hecho regresar los índices de desigualdad que nos ponen entre los peores del mundo; y lo repetimos tanto que hemos llegado a la insensibilidad más deshumanizada, un dato más del paisaje.

A renglón seguido los sabios recomiendan que la clave está en la educación, y de hecho invertimos mucho –pero no  suficiente- en ella. No se puede hablar de la educación a secas; hay que preguntarse por qué clase de educación; si una que perpetúe la exclusión y el apartheid,  como la actual, o una que de verdad impulse a largo plazo y de manera sostenida el desarrollo humano; una educación para el crecimiento económico y la renta o una educación para la democracia.  Martha Nussbaum –esa gran filósofa norteamericana reconocida en el mundo- pone el dedo en la llaga con su extraordinario reclamo o manifiesto Sin fines de lucro; por qué la democracia necesita de las humanidades. La democracia mundial pende de un hilo si abandonamos la idea de una educación que estimule la imaginación y el pensamiento crítico, y se dedique por completo a la idea de crecimiento económico y abandone la de una educación para la democracia, para la dignidad humana y
por la formación de ciudadanos del mundo.

¿De qué sirve crecer con desigualdad e injusticia? Además la Tierra –nos dicen- no resiste más crecimiento.

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