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Ernesto Rueda Suárez
Martes 09 de abril de 2013 - 12:00 AM

Palabras inútiles

Publicado por: Ernesto Rueda Suarez

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En este país de enormes contrastes y contradicciones, resulta sombroso, al menos para los mayores de 65 años, que el nueve de abril sea ahora la gran fecha de la paz. Para los que no saben historia de Colombia, que son la mayoría, la fecha les resulta inocua. No es raro, pues hace años la cátedra de  historia de Colombia ha sido eliminada del pénsum escolar. Lo he comprobado en mi cátedra universitaria; casi nadie sabe qué fue el «nueve de abril» y menos Gaitán. Ni siquiera saben que está impresa su imagen en el billete de mil pesos. Hay que enseñarles que la fecha más aciaga y maldita de las últimas siete décadas de la historia de Colombia es el nueve de abril de 1948, de la cual no hemos podido recuperarnos aún hoy día. Que hoy, nueve de abril, se realice una marcha por la paz hay que celebrarlo y participar de alguna manera. Es la fecha de la guerra permanente en este país, y puede ser, tal vez la fecha del inicio de una paz duradera.

La paz tiene encarnizados enemigos. El negocio de la guerra es demasiado bueno como para acabarlo así como así. Y mucho menos con el narcotráfico de por medio. Excepto la oligarquía  histórica –hay que usar el concepto de Gaitán- , todo el país debe apoyar un proceso de paz. Como todo proceso de negociación de una paz política negociada, habrá mucho dinosaurio qué tragar excepto uno, la verdad y el reconocimiento de los crímenes. Es la base sin la cual no podemos llegar a ninguna parte y así ha sido en todos los procesos de paz del mundo contemporáneo. La marcha de hoy, nueve de abril, que recuerda el inicio de la gran matanza colombiana con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, no puede ser un evento retórico y demagógico más; debería ser una señal muy clara del país para que el conflicto se termine de una vez por todas.

Post scriptum. Murió la señora Thatcher, una de las mayores responsables del neoliberalismo salvaje que ha llevado a las crisis actuales. Me duele de verdad la muerte de Sarita Montiel, la gran diva española.

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