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Ernesto Rueda Suárez
Martes 21 de mayo de 2013 - 12:01 AM

Palabras inútiles

Publicado por: Ernesto Rueda Suarez

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Faltó decir en mi columna pasada que el presidente de Alemania en su conferencia en la Universidad de los Andes, recalcó el papel fundamental de la educación en un proceso de reconciliación nacional. Necesitamos un modelo basado en el desarrollo humano y no solo en el crecimiento económico, que por sí solo no garantiza la democracia o la práctica de los Derechos Humanos; y el ejemplo es China, pero también muchos otros países asiáticos que han apostado al brutal crecimiento, apelando a las prácticas más crueles, inhumanas y criminales, como el del reciente derrumbe de un edificio que dejó más de 1200 muertos, la mayoría mujeres, que trabajaban por un salario más bajo que el nivel del hambre.

En China también existe un alto índice de suicidios provocados por el exceso de trabajo. Unos lo hacen a nombre del capitalismo salvaje de los Chicago Boys y otros a nombre del capitalismo leninista. El mundo globalizado no parece conmoverse y seguimos campantes comprando marcas y logos que tanto sufrimiento y muerte causan en Asia y en América Latina. Si tuviéramos un mínimo de solidaridad haríamos un boicot contra esas flamantes marcas y logos que engalanan a nuestros centros comerciales.

¿Qué educación proponía el presidente alemán Gauck? Una clásica, humanista, socrática, siguiendo la tradición moderna, desde Rousseau hasta nuestros días. No mencionó a la filósofa norteamericana Martha C. Nussbaum, pero estaba en esa línea, expuesta con toda claridad en su ensayo Sin fines de lucro. El futuro de la humanidad pende de un hilo si no recuperamos los valores de la democracia real y del desarrollo humano. Necesitamos eficiencia técnica y productividad, pero convertirlas en un fin de lucro en sí mismo, es ir por el inexorable camino de la catástrofe mundial, ya no tanto por la amenaza nuclear, sino por la insostenibilidad absoluta del modelo neoliberal del crecimiento demencial de la riqueza, que siempre estará en pocas manos, sin importar la sostenibilidad del planeta Tierra, ni el sufrimiento de cientos de millones de seres humanos.

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