Viernes 24 de Octubre de 2014
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Ernesto Rueda Suarez
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Martes 06 de Agosto de 2013 - 12:01 AM

Palabras inútiles

Autor: Ernesto Rueda Suarez

Parece que el papa Bergoglio está en lo cierto: hay que empujar a la Iglesia católica hacia la periferia, hacia la pobreza, mientras que el centro, es decir los países ricos, imponen la agenda mundial. Otro argentino, el economista Raúl Prebish, creó en los años 60 la teoría del centro-periferia, y proponía la necesidad de realizar transformaciones radicales en América Latina, no solo para salvarnos del comunismo de Moscú vía La Habana, sino porque el Nuevo Mundo tenía –y tiene- derecho al usufructo del progreso técnico, los derechos humanos y la vida decente. Preebish no mereció un Premio Nobel pese a ser uno de los economistas más brillantes al lado de Celso Furtado, Pablo González Casanova y toda una pléyade de pensadores originales que esta tierra ha producido.

Pero el papa Francisco no se refiere tanto a la periferia de la pobreza, como a la periferia de los problemas esenciales de la Iglesia. No tocar la doctrina oficial, no tocar a fondo los escándalos. Por supuesto, no es un problema de este papa sino de la Iglesia como organización universal. Es demasiado pronto, sin embargo, para saber qué va a pasar. Pero está claro que no es un Juan XXIII.

El Concilio Vaticano II ha sido desvirtuado por los últimos dos papas. Queda a la Iglesia transformarse de abajo hacia arriba, como en la época dorada del absolutismo, que fue la solución a los problemas seculares del feudalismo. No fueron los príncipes premodernos y premaquiavelianos, sino los monarcas revolucionarios los que transformaron las estructuras del poder de la mano de la ascendente burguesía comercial. Es decir, a la Iglesia le falta un Luis VI o un Luis XIV. Por ahora los gays no se juzgan sino que se tratan; las mujeres siguen excluidas del sacerdocio y del gobierno; del matrimonio homosexual y de la legalización de las drogas y la pederastia ni hablar; del aborto, la fecundación in vitro, las células madre y de la anticoncepción, nada; la Iglesia tendrá que seguir siendo la gran paridora universal. Así las cosas vale la gran pregunta del teólogo Hans Küng: ¿podrá salvarse la Iglesia?

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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