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Martes 07 de Noviembre de 2017 - 12:01 AM

Palabras Inútiles

Columnista: Ernesto Rueda Suarez

Parece que las grandes preocupaciones de la opinión pública rusa actual son dos: el mesianismo imperial de Putin y el Mundial de fútbol. ¡Qué cuernos de celebrar 100 años de la Revolución! El gobierno dijo que no hay nada que celebrar. Contrasta con el Año Lutero, cuya Reforma – 500 años- ha marcado por siempre la Modernidad. Pero la Revolución Rusa sí ha marcado la historia mundial –y lo seguirá haciendo- en estos cien años; no como soñaron Lenin y Stalin. Por lo menos ha dejado clarísimo que ese camino impregnado de violencia es el equivocado, y que el socialismo que ellos practicaron resultó ser una tragedia y una farsa universales.

Ha habido mucha actividad académica en torno al significado de la Revolución Rusa, los contrastes con la China y la nefasta Revolución Cultural, con la que Mao pretendía mantener “puro” el crisol del marxismo leninismo, amenazado por el revisionismo soviético, sobre todo después de la muerte de Stalin y del Vigésimo Congreso de Kruschev. Ambos perdieron, y el “miedo al capitalismo” fue derrotado. El coronado Xi Jimping –que fue puesto a la altura histórica de Mao en el último Congreso de octubre pasado-, dijo con firmeza y razón –no es ningún utópico «Gran salto adelante»- que China será la primera potencia mundial antes de 2050. ¿Mejor que Estados Unidos?

Varias relecturas he hecho por los 100 años; el trabajo cimero de E.H. Carr, el de Trotsky, el de Charles Bettelheim. Y antes de emprender la lectura de la monumental investigación de Robert Pipes «La Revolución Rusa» –publicada este año en castellano- nada mejor que los quinientos años de los Románov contada por el historiador británico Montefiore. El trabajo de Pipes es contundente, controvertido, radical. La Revolución dejó “millones de cadáveres, […] Fue uno de los sucesos más trágicos del siglo XX. No hubo nada positivo ni grandioso en aquel acontecimiento.” ¿Será por eso que el nuevo Zar Putin –que nunca abdicará, dijo- cree que no hay nada que celebrar? ¿Y el partido de la Rosa y La Habana?

Autor:
Ernesto Rueda Suarez
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