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Martes 05 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Palabras inútiles

Columnista: Ernesto Rueda Suarez

La congresista María Fernanda Cabal, tiene como arma o juguete político simular lo que no es y disimular lo que sí es –esencia del perfecto mentiroso, gravísimo en política-, y vuelve al ruedo mediático –tal vez sea su única manera- con el cuento negacionista de que no hubo tal matanza de las bananeras en 1928. Como en el caso de la estupidez todos los seres humanos tenemos la cantidad necesaria para sobrevivir, es inevitable. Del portafolio organoléptico sobre la “ignorancia”, lo que mejor define la ignorancia de la señora Cabal es la de crasa y supina, es decir ignorancia imperdonable o ignorancia de lo que puede y debe saberse; más si uno viene de la universidad privada más importante de Colombia, y de las mejores de Latinoamérica. Eso explica la furia del Departamento de Ciencia Política de Los Andes. Pueden conjugarse otras formas de ignorancia que solo menciono para que se sepa qué tan ignorantes somos sobre el problemilla de la ignorancia: la ignorancia también puede ser excusante, presuntuosa, culpable, conjetural, inevitable, racional, querida, y hasta docta ignorancia: pero ignorancia al fin y al cabo. Algún departamento de neurofisiología bien puede pedirse el cerebro de la congresista para aclarar muchos de los misterios que expliquen nuestra muy humana “multilateral ignorancia”, como intenta definir Robert Musil en “El hombre sin atributos”: tarea en extremo difícil, puesto que todavía no nos han develado ningún misterio que explique la genialidad de Albert Einstein.

Otros, ofendidos y humillados, han comparado a la congresista con más de un animal. Siempre he criticado la manía del más animal de los animales, el “homo sapiens”, dado que presume de inteligente- de achacarles todos los defecto, vicios y barbaridades cometidos en el proceso de civilización, a nuestros compañeros de vida. Los más socorridos son las vacas, cerdos, ratas, alacranes y serpientes. Algunos antifeministas llegan al colmo de añadir a las brujas, que no deben confundirse con las hechiceras, por lo general bellas, inteligentes, seductoras e inconquistables sacerdotisas, dada su sabiduría.

Autor:
Ernesto Rueda Suarez
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