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Martes 26 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Palabras inútiles

Columnista: Ernesto Rueda Suarez

El problema ha sido expuesto hace décadas, sobre todo después de la II Guerra mundial y de todos sus desastres. La pregunta era -y es- ¿A dónde va la riqueza mundial, tanto de los vencedores como de los vencidos? En la década de los años 70 del siglo pasado cobró celebridad el libro del parlamentario suizo Jean Ziegler «Una Suiza por encima de toda sospecha», en el que develaba las causas por las cuales Suiza, un pequeño país en medio del infierno de la guerra había logrado tanta prosperidad y el respeto de todas las naciones, para colocarse como un paraíso fiscal luminoso e intocable. Mediante el manejo de tres variables –decíaZiegler-, el encubrimiento, la violencia de los símbolos y la pseudoneutralidad. El secreto bancario y la cuenta de número fueron las nuevas deidades con las que se produjo una especie de expolio mundial, mediante el mecanismo del disimulo de las grandes fortunas europeas, latinoamericanas, africanas, asiáticas. Las finanzas «offshore» lo permitieron con la complicidad de Suiza y de todos los competidores actuales tanto europeos, como Luxemburgo y los paraísos caribeños, como Panamá, Islas Vírgenes o Bahamas.

Desde ese entonces a hoy, tanto los gobiernos como los economistas investigadores han develado secretos y misterios de las finanzas «offshore», y han tratado de que el expolio y el fraude mundiales terminen, para beneficio de la humanidad.

Un nuevo libro –ya en castellano- de Gabriel Zucman, «La riqueza escondida de las naciones», nos revela el tamaño del problema y sus consecuencias, y sus soluciones, si hubiera una fuerte decisión de los gobiernos a nivel mundial. ¿Pueden y quieren hacerlo? ¿Se pone en peligro la existencia misma del modo capitalista? En absoluto, dice Zucman. Las soluciones son posibles y se limitan a un impuesto progresivo mundial al capital –como ya propuso Piketty- y a un sistema de registro financiero mundial con intercambio automático e inmediato de información, y una fuerte arquitectura sancionatoria.

Autor:
Ernesto Rueda Suarez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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