Martes 20 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Palabras inútiles

Columnista: Ernesto Rueda Suarez

Laicismo. Una de las grandes conquistas del absolutismo fue la creación de los Estados-nación, proceso de larga duración y de desarrollo desigual, mediado por guerras, en combinación con alianzas matrimoniales. Se formaron los monopolios de poder, las hegemonías culturales, el derecho moderno. Las iglesias ecuménicas, en especial el catolicismo, siempre han estado omnipresentes en estos largos procesos de civilización, así haya perdido terreno por la secularización y la laicización de la sociedad.

Que nadie se asombre o extrañe, porque las múltiples iglesias existentes y reconocidas por el Estado “hagan política”, con todos los vicios y perversiones que eso signifique, puesto que de virtudes poco o nada. Toda religión, toda iglesia es un proceso y un acto político, desde siempre. Muy pocos países –como Francia- han logrado acercarse al ideal del Estado laico, pese a las revoluciones que quisieron imponer la religión como asunto privado, alejado de la política. Ni siquiera el feroz ateísmo de la era estalinista pudo lograrlo.

El hecho mismo del “descubrimiento” de Colón, la conquista, la colonia, y lo que llamamos nuestra vida republicana han estado atravesados por la acción política de la Iglesia Católica, y ahora por toda clase de iglesias llamadas “cristianas”.

¿Qué es pues, lo nuevo ahora? Como los partidos políticos se han evaporado o desdibujado, no se puede negar que los movimientos religiosos van ocupando su lugar. Lo grave del asunto es el carácter retrógrado, regresivo y antimoderno, al servicio de los grandes privilegios que siempre se han opuesto y se oponen a que Colombia haya podido despegar hacia el desarrollo sostenido, la eliminación de la inequidad y la injusticia, la construcción de una sociedad capaz de satisfacer las necesidades básicas del desarrollo humano, y que nos ha convertido en uno de los países más desiguales del mundo.

No podemos cambiar la situación de la noche a la mañana, y mientras la política no se reinvente, nos queda un panorama de desolación, hartazgo e impotencia. Hay, claro, profetas-caudillos, que prometen cambiarlo todo, con disfraces populistas para toda ocasión. Sin embargo, cambiamos, demasiado despacio.

Autor:
Ernesto Rueda Suarez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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