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Martes 18 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

Palabras Inútiles

Columnista: Ernesto Rueda Suarez

Pareciera que la situación de la reforma a la educación superior formara parte del cúmulo de problemas nacionales mal planteados y, por supuesto a las soluciones equivocadas que de allí se derivan. Hay que desterrar la falacia de que la universidad es una república o nación soberana, una especie de Estado-bebé que le reclama con pataletas a un Estado-niñera toda clase de demandas, sin rendir cuentas, que son cuentas al Estado y –sobre todo- a la sociedad. Desde la invención de la Polis toda sociedad está sujeta a un poder soberano, en donde siempre ha existido una tensión o juego de interdependencias, en donde está de por medio una visión global del mundo y de la sociedad que queremos. Está claro en el mundo moderno, que la educación es un derecho fundamental, que debe estar garantizado por la sociedad y el Estado, pero no puede pretender estar por encima de ellos. También son derechos fundamentales la alimentación, la salud, el transporte, la cultura, la libertad, y solo la sociedad puede pagarlos y diseñarlos, bajo la tutela del Estado. Así que no hay autonomía absoluta, como no existe ningún derecho absoluto por fundamental que sea.

Son preocupantes las posturas ultras e intransigentes, que le piden el todo o nada al Estado-niñera –incluso su supresión-. Los ultras no pueden pretender que el gobierno o el Estado no tengan ningún proyecto para sentarse a una supuesta negociación en el vacío. Los recursos siempre serán insuficientes, aún en los países desarrollados. El proyecto actual tiene muchos problemas, pero es sobre ellos que hay que discutir, y no irnos a una posición “cero” ultra radical. Es muy problemático, por ejemplo, la idea misma de educación superior, y sobre todo la idea o el sentido del estudio universitario, del que debe derivarse el principio de la autonomía relativa de la institución universitaria. Es muy complicado y a veces inaceptable el procedimiento de la asignación de los nuevos recursos disponibles, en donde hasta los políticos regionales pueden meter la mano, lo que es una auténtica perversión. La conjugación del aumento de la cobertura y la calidad, debe llegar a formulaciones pragmáticas que superen la retórica y la politiquería, para que no conviertan a la educación superior, pero sobre todo a la universitaria, en falsos positivos en las estadísticas nacionales e internacionales. Debe mandar todo el proceso la calidad, si queremos salir del hueco del atraso y el subdesarrollo. La cobertura es lo fácil y hasta lo populista.

Autor:
Ernesto Rueda Suarez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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