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Martes 06 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Palabras Inútiles

Columnista: Ernesto Rueda Suarez

Hace unos días fue publicado el último informe de Transparency International sobre el llamado Índice de Percepción de la Corrupción (IPC). Entre 178 países investigados en 2010, Colombia ocupó el puesto 78, con una calificación de 3,4, medidas muy similares a las de años anteriores El IPC es una medida con fuertes cargas de subjetividad, y no permite comparaciones de largo plazo, pues las metodologías y las variables cambian. El IPC, no obstante, muestra tendencias importantes, y revela a la vez que oculta. Por ejemplo, el IPC no muestra nada sobre la corrupción que ha llevado a USA y a la UE a las grandes bancarrotas financieras. La politóloga argentina Delia Ferreira, dice –refiriéndose al caso de Argentina, que tiene peores calificaciones que Colombia, pues ocupó el puesto 105, o Venezuela el 164- que la "percepción de la corrupción no solo se vincula a escándalos, también tiene que ver con la discrecionalidad y arbitrariedad en el ejercicio del poder, con el ocultamiento de la información, con la manipulación de las estadísticas oficiales, con la falta de controles independientes, con la concentración de poder, con el uso partidista de los recursos del Estado."


El IPC no tiene en cuenta sino al sector público, lo que supone la existencia de "otra mitad" de corrupción no registrada, limitación que está dada por la propia definición adoptada por los expertos. Las cosas deben quedar claras: la percepción no es la realidad, como los propagandistas y los manejadores de opinión quieren hacer creer al público, lo que de por sí ya es más corrupción. Transparency International aclara que la corrupción solo puede ser percibida, porque no puede basarse sino en lo visible en la esfera pública, como los escándalos, investigaciones o procesos judiciales, con lo que la masa de ocultamiento es muy grande. Y como nos dijo el Marqués de Sade, nada es escándalo hasta que no se hace público. Las puntuaciones y calificaciones más bajas –o más altas- no hacen por sí solas que el país en cuestión sea el más o menos corrupto: es solo la percepción que puede tenerse comparando a los países entre sí. ¿Entonces para qué sirve el IPC? Los hallazgos del IPC deben ser cotejados con muchas otras medidas, y sobre todo, estar inmersos en un marco conceptual riguroso y científico, y es aquí en donde las ciencias sociales tienen la palabra, más allá de las simples estadísticas, con las que cualquier cosa se puede decir.

Autor:
Ernesto Rueda Suarez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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