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Martes 20 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Palabras Inútiles

Columnista: Ernesto Rueda Suarez

Como es obvio, a los católicos del mundo subdesarrollado, que ahora el eufemismo llama emergente, nos va peor en nuestras relaciones con esa Iglesia. Es bastante difícil acceder y digerir libros como La *** de Babilonia, Los pecados de la Iglesia, La historia criminal del cristianismo o Los curas y la mafia –excelente investigación del italiano Isaia Sales-, que analiza las conexiones del crimen organizado con la Iglesia Católica en Italia; sin correr peligro tanto por venderlos como por leerlos, y por supuesto comentarlos. Se impone la ley del silencio, la omertà, la más mafiosa y sagrada de todas las reglas mafiosas, y que la Iglesia católica ha practicado con devoción en Italia desde que la mafia existe. Una complicidad asombrosa, que se ha extendido por toda la sociedad y por las instituciones sociales y estatales, a las que Colombia no es ajena.


No debería producir asombro lo que monseñor Juan Vicente Córdoba, secretario de la Conferencia Episcopal colombiana, dice acerca del periodista gringo gay que ha adoptado, con todas las de la ley, a dos adolescentes colombianos. Han debido darle dos niñas, pues así no tendría la tentación de sodomizarlas como a los niños. No solo es absurdo, sino una muestra impecable de hipocresía y doble moral, además de una supuesta ignorancia sobre cómo funciona la sexualidad humana. Gays y lesbianas, solteros o no, pueden engendrar hijos. Nada nuevo, así se haya mantenido por siglos en el armario. Y la Procuraduría, que ahora es un departamento de la Conferencia Episcopal, respalda esas posiciones de la Iglesia. Hay que mantener el silencio, la omertá, hay que esconder los pecados de la Iglesia, pues la Iglesia, por definición, no comete pecados, aun cuando tiene pecadores y ¡qué pecadores!


La Iglesia no es monolítica en el mundo, y por eso nos hemos enterado de los pecados de pederastia en la Iglesia católica holandesa: 10 mil menores, que se sepa, han sufrido abusos sexuales entre 1945 y 2010. La Iglesia se disculpa y pide perdón. La sociedad y la historia tienen la palabra. Casos similares ya han sido documentados en otros países europeos, y también en México y Estados Unidos; pero es un patrón que funciona en todo el mundo y durante dos mil años. Es increíble que la fe católica y el comportamiento mafioso sean compatibles. Nada más católico que las mafias. La novela La virgen de los sicarios es una buena narración que revela esas relaciones en un país como Colombia.

Autor:
Ernesto Rueda Suarez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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