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Martes 31 de Enero de 2012 - 12:01 AM

Palabras Inútiles

Columnista: Ernesto Rueda Suarez

La libertad de expresión, como todos los derechos fundamentales, no es absoluta, pero es inadmisible que con el juego del relativismo y la contextualización sea vulnerada. O lo que es más paradójico: que pretextando la libertad de  expresión, se niegue la libertad de expresión. Algunos gobiernos de América Latina, sobre todo los que tienen predilección por perpetuarse en el poder, manipulando las Constituciones, como Nicaragua, Ecuador y Venezuela, han impulsado proyectos en la OEA para limitar la libertad de expresión, a la par de disminuir el ámbito de acción jurídica de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Como afirma Carl Schmitt, se trata de suprimir la democracia utilizando medios democráticos. Es lo que padeció Colombia en la era del uribato, cuyos alcances aún no acabamos de ver. Cuando la justicia actual quiere investigar esos alcances, entonces hablan de la existencia de una “venganza criminal”.
Ahora con el inicio del furor de la campaña por la nominación republicana a la presidencia de Estados Unidos, EU, ha quedado claro cómo la Corte Suprema gringa, en apretadísima votación, ha dado vía libre a la financiación de las campañas, liberando su monto y garantizando el anonimato de los donantes. Todo por la libertad de expresión, dijo la Corte, y con el aplauso de las grandes corporaciones, las verdaderas dueñas de las urnas. Más escandaloso es el asunto cuando vemos el contenido de esas campañas: la difamación y la calumnia del adversario; primero entre republicanos y después, seguro,  entre los dos candidatos nominados. Lo conocido del experto venezolano en campañas políticas J.J. Rendón es un juego digno de Barbies glamurosas. ¿Cómo puede la democracia norteamericana funcionar con semejantes ataduras y hablar de libertades de expresión, pensamiento y conciencia? Una vez más, no puede aceptarse que el fin justifica los medios. De la corrección política o legal, pasamos a la abyección política y al desconocimiento de la ética de la responsabilidad pública, y a la negación de la democracia real, puesto que los medios, tal vez, son más importantes que el fin, más si es un fin desvirtuado, como puede ocurrir en este caso en EU, que apelando a la supuesta defensa de los derechos humanos mantiene la prisión de Guantánamo y hace la guerra en Iraq y Afganistán.

Autor:
Ernesto Rueda Suarez
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