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Martes 14 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Palabras Inútiles

Columnista: Ernesto Rueda Suarez

La decisión del Tribunal Supremo español de separar a Baltasar Garzón de la carrera judicial, puede ser muy ajustada a derecho –pero hay suficientes dudas que resolverán otros tribunales nacionales o internacionales, tiene el sabor amargo de cuenta de cobro política por sus sonadas y audaces indagaciones, como atreverse a abrir investigación por los crímenes de la Guerra Civil de 1936-1939 y la posterior y feroz dictadura del Generalísimo Francisco Franco, otra de las dictaduras del catolicismo hispánico que se suman a hechos tan negros –la España Negra- como la Inquisición, la expulsión de judíos y moros de 1492, Torquemada, Fernando VII, y en general, el integrismo católico hecho Estado bajo Franco. Crímenes –como recordó un reciente editorial del NYT- "que ningún tribunal ha aun examinado o juzgado. Nadie sabe cuánta gente fue secuestrada, torturada y asesinada. Ahora uno de los principales investigadores de España, Baltasar Garzón, se sienta en el banquillo por atreverse a abrir un sumario sobre esas atrocidades." Garzón es de los que cree –como cada vez más juristas en el mundo- que en derecho internacional los crímenes contra la humanidad son un delito continuado mientras no sean resueltos. Es lo mismo que quieren olvidar los que desean impunidad por la desaparición forzada de personas en la retoma del Palacio de Justicia.


El viejo franquismo, incrustado sobre todo en el poder judicial y la educación, tampoco perdona a Garzón por las escuchas secretas en la cárcel a los implicados en la llamada Trama Gürtel, un carrusel de corrupción masiva que compromete a connotados varones y barones del Partido Popular. Las escuchas se consideraron legales por otras autoridades que las autorizaron, pero el Supremo las desestimó. Tampoco le perdonan sus contradictores y enemigos –algunos del PSOE, como Felipe González- que haya develado los crímenes de los grupos terroristas GAL, patrocinados por el gobierno socialista, para exterminar etarras; las investigaciones contra poderosas bandas de narcotraficantes y contra el entramado de ETA, contra el integrismo islámico, y por la detención del general Pinochet. En el plano internacional la sanción a Garzón ha sido considerada en múltiples medios, como una cacería de brujas contra el juez que se ha atrevido a abrir los tribunales para que se sepa la verdad de esos crímenes. A veces los fallos tienen consecuencias políticas, y pese al respaldo que ha recibido Garzón, no se le ha ocurrido denigrar del poder judicial español o recurrir al asilo.

Autor:
Ernesto Rueda Suarez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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