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Martes 06 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

Palabras Inútiles

Columnista: Ernesto Rueda Suarez

“Las cosas no son tan simples”, pensaba el Bien de sus relaciones con el Mal; dice Augusto Monterroso en una de sus fábulas. El Bien no siempre es tan bueno ni el Mal tan malo. También, a veces, la Justicia no es tan justa, aunque lo parezca. Existe un horrible tufillo, un aire de familia, entre la decisión del Supremo de España, de eliminar al juez Garzón, y la decisión del Consejo de Estado colombiano, de eliminar a la fiscala general Viviane Morales. Una cosa es el Estado de Derecho (o  Estado Social de Derecho, como con pompa y circunstancia dice nuestra Constitución), y otra  la instrumentación del derecho por parte del Estado o alguna de sus instituciones. Es común en las dictaduras que fungen o fingen democracia. Al derecho se le tuerce el pescuezo para que quede a la medida. Y el nuestro es un país de sastres constitucionales, o si no, recuerden el «articulito» que permitió el desastre de la reelección del Mesías. Así trabaja la cacería de brujas. El presidente Mao solía decir que a sus enemigos primero había que condenarlos, y luego buscar de qué. Lo aprendió de los juicios estalinistas de Moscú. Pero ya la Iglesia Católica lo había practicado con éxito en los tribunales del Santo Oficio de la Inquisición. Que lo digan las más de quinientas mil mujeres que ardieron en las hogueras acusadas de brujería y herejía. Forma parte de lo que Hannah Arendt llama la banalización del mal.


El gobierno ahora tiene el balón en su campo, y  suponemos que mostrará un mínimo de coherencia y de respeto por el clamor nacional de reconocimiento por   lo actuado por Viviane Morales en la Fiscalía General.  Perdió la interpretación de la Corte Suprema y ganó quien tenía la última palabra, el Consejo de Estado. El nuevo Fiscal o Fiscala no pueden estar por debajo del legado que deja Viviane Morales. Es un inmenso desafío racional, político y ético para el gobierno del presidente Santos, que tiene como telón de fondo el prestigio internacional de Colombia como Estado de Derecho, si es que eso todavía importa algo. La legalidad no es suficiente, y la ética y la moral públicas tienen que volver por sus fueros, en este Estado instrumentalizado por los corruptos y bandidos de cuello blanco y azul, que todo lo justifican con el «derecho» o con la motosierra.

Autor:
Ernesto Rueda Suarez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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