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Viernes 02 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

¿Ignora el Invías a Santander?

Columnista: Felix Jaimes Lasprilla

La pregunta me surgió después de examinar lo que ha ocurrido y las circunstancias que a continuación describo:1) Carretera Bucaramanga–Barranca. Desde diciembre del año pasado cuando los coluviones se movieron y el tramo La Azufrada–Puente la Paz se destruyó, expertos conceptuaron que era indispensable diseñar y construir, por fuera de los coluviones, una variante de aproximadamente 25 kilómetros. A la fecha, a pesar de los ruegos, ni siquiera los estudios se han contratado. Si bien es cierto se han hecho esfuerzos por dar vía, de manera intermitente, la solución definitiva no se ha abordado. Adicionalmente, las obras para reemplazar el puente de la Paz continúan abandonadas.


2) Estudios Café Madrid–La Gómez. La famosa Supervía o Conexión Café Madrid–Ruta del Sol cuenta, desde 1997, con los diseños o estudios a nivel de Fase III de los primeros 27 kilómetros (Café Madrid–El Conchal) y con estudios a nivel de Fase I de los 38 restantes (El Conchal–Ruta del Sol). Existen además cuatro estudios complementarios -elaborados hace décadas para el Invías- que permitirían contratar mañana, si se quisiera, las obras del tramo Café Madrid–El Conchal. Lo insólito es que mientras la comunidad santandereana solicitaba se contrataran los diseños definitivos de lo que faltaba (El Conchal–Ruta del Sol), el Invías, ignorando los estudios existentes, contrató la semana pasada por $1.022 millones los estudios Fase I Café Madrid-La Gómez, que hace rato se hicieron. Es decir, se bota a la basura lo existente y se parte nuevamente de cero, sin escuchar a la comunidad ni a las instituciones que, como la Cámara de Comercio, cuenta con una copia de los estudios realizados.


3) Doble calzada Bucaramanga (Km 8)–Cuestaboba. Cuando se licitó este tramo de 62 kilómetros, se estimó un valor de $6 mil millones/kilómetro. Hoy el costo promedio de lo que se construye asciende a los $18 mil millones/kilómetro. Es decir, el triple. Actualmente se aplica más concreto a los taludes, para estabilizarlos, que a la calzada. Si bien estamos pagando la desafortunada ocurrencia de Andrés Uriel Gallego de contratar diseño y construcción, creo que ya es hora de preguntarnos para qué servirá una doble calzada hasta el embudo de Morrorico, para luego congestionar la ciudad metropolitana con el tránsito Bogotá-Cúcuta-Bogotá. ¿Por qué no pensar en la variante Piedecuesta-La Nevera (Km 40), tal como se propuso hace un lustro, en lugar de seguir pavimentando taludes? Lástima que quienes nos ignoran también en este caso tengan la última palabra.

Autor:
Felix Jaimes Lasprilla
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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