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Sábado 09 de Febrero de 2013 - 12:01 AM

La vivienda social

El constituyente edificó la política de vivienda social sobre dos postulados fundamentales: el derecho de la persona a tener una vivienda digna y la correlativa obligación del Estado de promover su ejecución y de crear condiciones adecuadas de financiación, que habiliten a las familias pobres como demanda solvente. El primer componente tiene que ver con la calidad de la vivienda y el segundo con la asequibilidad a ella. Como las necesidades insatisfechas son inmensas y los recursos limitados, entre la calidad y la universalidad de su cobertura se presentan contradicciones: a mayor calidad menor será la extensión de sus soluciones. La sensatez impone criterios de equilibrio entre los dos extremos indicados y la equidad demanda mayores recursos para satisfacer esa necesidad.  Alguien decía, con evidente sabiduría, que el arte de gobernar reside en el buen juicio para priorizar.

Animada polémica se ha suscitado entre el Ministerio de Vivienda y el Distrito Capital en torno al porcentaje del terreno dedicado a un proyecto habitacional que se debe destinar a vivienda social: para el primero el 20% y para el segundo se parte de esa base y se debe escalar al 30%, y respecto de la localización del área de compensación para vivienda popular, para el Ministerio, en cualquier sector dentro del perímetro urbano, para la Administración Distrital, sólo en sectores sometidos a determinados tratamientos para direccionar la renovación urbana del centro de la ciudad, bajo el concepto de centro ampliado, pues la discrecionalidad contenida en el decreto del Ministerio conduce a su localización facilista en predios situados en la periferia, con las connotaciones discriminatorias en contra de sus potenciales moradores: las capas sociales más deprimidas.

La iniciativa del Alcalde tiene el loable propósito de racionalizar el uso del espacio central de la ciudad, acercar la vivienda popular a sus lugares de trabajo y facilitar conectividad con sus servicios fundamentales; condiciones que le imprimen un ambiente amable a la vida urbana.  Importante que el buen sentido social no se sumerja en la maraña de la improvisación; le corresponde al Distrito demostrar la factibilidad de su propuesta, porque si los costos se desbordan, se puede convertir en un congelador de proyectos de vivienda; cuando lo ideal es irrealizable se torna en enemigo de lo bueno.

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