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Fundación Participar
Miércoles 20 de febrero de 2013 - 12:00 AM

Pecados mortales

Publicado por: Fundación Participar

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El pueblo latinoamericano ha sido por tradición profundamente religioso. Su religiosidad permea todas las instancias culturales, constituyéndose en uno de los principales fundamentos del sistema social. Por ello, la renuncia del papa Benedicto XVI ha sido objeto de toda suerte de reacciones y análisis, máxime cuando ha estado rodeada por el escándalo.

Conocemos que la decisión estuvo motivada no sólo por la debilidad física del Pontífice, sino principalmente por problemas relacionados con el poder, el dinero, la pederastia y las posturas filosóficas de los prelados: la Iglesia Católica está en crisis de credibilidad, moralidad, autoridad y liderazgo. Ya no responde a las necesidades y problemas de sus feligreses. Para nadie es un secreto que se han disminuido los fieles, los aspirantes al sacerdocio y hay un auge en la construcción y práctica de otras iglesias y doctrinas.

Evidenciar la miseria humana de los jerarcas de la Iglesia nos conmueve. Los medios de comunicación del mundo dan cuenta, entre otros pecados, de divisiones, individualismos, rivalidades, hipocresía, apariencias, envidias, corrupción y derroche entre los obispos del Vaticano. El mismo Pontífice llamó a esta debacle moral “la suciedad de la Iglesia”.

Reconocemos la humanidad y falibilidad de los prelados. Todos cometemos errores y somos perfectibles. Entonces, ¿por qué somos tan sensibles a estos hechos? Primero, por la naturaleza del servicio que presta la Iglesia. Jesús predicó el amor como primer mandamiento: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” dijo, que significa la valoración y el cuidado del otro, sea quien fuere, y la búsqueda de la justicia. Sin embargo han prevalecido el odio y las injusticias en el Vaticano. En segundo lugar, los prelados son figuras públicas y como tales, permanentemente expuestos a la mirada y el escrutinio de sus feligreses. Hoy vemos a la Iglesia en manos de jerarcas dominados por bajas pulsiones. Finalmente, nos sorprende la inconsistencia de estos prelados. Existe incongruencia entre lo que se dice en los púlpitos y lo que se practica en la cotidianidad. La Iglesia de hoy es rígida, anticuada, jerarquizada, patriarcal, centralista, autoritaria, absolutista, de espaldas al cambio, a la realidad y al sentir del pueblo. Contraria al amor, al sacrificio, la humildad, el servicio y el cuidado de las personas. Es necesario retornar a la Iglesia de Cristo, que escucha, orienta, defiende, sirve y cuida a los desprotegidos.

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