Sábado 25 de Octubre de 2014
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Fundación Participar
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Miércoles 19 de Junio de 2013 - 12:01 AM

Bucaramanga sin memoria

Autor: Fundación Participar

Desde hace más de 50 años, Bucaramanga ha venido periódicamente analizando el tema de la preservación de su patrimonio arquitectónico y cada día se observa menos claridad sobre los criterios sobre el tema que deben hacer parte del Plan de Ordenamiento Territorial (POT).

La denominada “zona histórica”, la ciudad anterior al siglo XX, inicialmente fue delimitada al sur por los cementerios de la escarpa de La Rosita (Calle 45) y al norte por la calle 34, entre las carreras 9 y 13; en las últimas décadas han venido cambiando de normas, autorizándose demoliciones o intervenciones irreversibles de la mayoría de estas antiguas construcciones, que desdibujó completamente esta zona. Sólo con indicar que la norma POT 2001 establece para un índice de construcción de siete, es decir, que permite edificios de más de 10 plantas en la zona histórica, basta para entender que no hay un criterio de preservación del sector, que cuenta con varios bienes de interés cultural nacional (antes llamados “monumentos”) como la Casa de Bolívar, la Capilla de los Dolores, el Coliseo Peralta y la Casa Natal de Custodio García Rovira, junto con otros inmuebles igualmente valiosos, también inventariados, pero sin norma de preservación concreta.

Las dos principales áreas de mediados del siglo XX, Bolarquí y Sotomayor, que el Código Urbano de 1982 determinó de preservación, ya desparecieron. Sólo quedan algunos inmuebles que serán demolidos.

Hace tres años el Alcalde y su Director de Planeación contrataron un inventario para preservar de sólo 120 inmuebles, menos del uno por mil de los predios de la ciudad, y aún siendo tan pequeña la muestra, generó una fuerte oposición por parte de sus propietarios. La actual administración, para no polemizar, definió un criterio inaceptable: que la ciudad sólo debe preservar los inmuebles que sus propietarios deseen mantener. En resumen, con la presión inmobiliaria y su plusvalía, podemos concluir que ninguno se salvará. Nuestro patrimonio en pocos años será sólo de iglesias y museos y tendremos así una ciudad anodina, bastarda y sin memoria. Ojalá movimientos como El Centro con las Salas Abiertas, Bucaramanga Sin Memoria, las facultades de arquitectura e Historia generen un debate sobre nuestro patrimonio.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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