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Miércoles 09 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

La Constituyente de Maduro

Columnista: Fundación Participar

Las pasiones que animan la conquista del poder político explican el que en este ámbito, generalmente huérfano de valores y principios, sus protagonistas incurran en frecuentes contradicciones y paradojas. No podríamos encontrar una mejor referencia para ilustrar esta apreciación que aquella que nos brinda el siniestro personaje que rige los destinos de la martirizada Venezuela. Veamos un simplificado contexto del asunto: la Constitución, en lo que aún queda vigente, fue adoptada por la Asamblea Constituyente de 1999, en la que se plasmó el modelo de Estado inspirado por Chávez. Se asumió que las reglas allí consagradas aseguraban la perpetuidad del Chavismo y la consolidación del socialismo del siglo XXI. Durante el periodo de Chávez, todo indicaba que lo estaban logrando, gracias a los abundantes recursos petroleros que sustentaban engañosas políticas asistencialistas y adhesiones externas merced a su generosa provisión de hidrocarburos.

Cuando la bonanza declinó se desvaneció el encanto y sobrevino la tragedia humanitaria: desabastecimiento de alimentos, medicinas y elementos básicos, porque no había recursos para importarlos y los que allí se generaban desaparecieron del mercado por cuenta de la destrucción sistemática del aparato productivo.

Cuando el pueblo se percató de que el modelo chavista no era la anunciada panacea, sino la fuente de sus penurias, se despertó en el alma colectiva un profundo sentimiento de rechazo a un sistema decadente y fallido, cuya primera factura se hizo efectiva en las elecciones para la Asamblea Nacional en las que el régimen fue contundentemente derrotado, aplicando las reglas electorales diseñadas por el chavismo; por ello tienen certeza que serán vencidos en cualquier elección.

Maduro terminó inmerso en una compleja disyuntiva: respetar la Constitución diseñada por Chávez y honrar la institucionalidad vigente, a riesgo de perder el poder, o la opción escogida: renegar de ese ordenamiento, profundizando el totalitarismo, único escenario de supervivencia; misión instrumentada por la nueva Constituyente -o mejor “destituyente”- con la que destituye a la Asamblea Nacional, a la Fiscal General y a todo funcionario que no comparta su abusivo ejercicio del poder.

Autor:
Fundación Participar
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