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Miércoles 17 de Enero de 2018 - 12:01 AM

La misma historia

Columnista: Fundación Participar

El pasado 15 de febrero de 1819 en el Congreso de Angostura Simón Bolívar declaró que “un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”, pero bien pudo haberse dicho ayer en la tarde, como reacción a la realidad nacional en el 2018.

Esta máxima y otras muchas enseñanzas que nos deja la historia, se diluyeron en la reforma educativa de Cesar Gaviria bajo el simplismo de la cátedra unificada de Ciencias Sociales, permitiendo que toda una generación, si no son más, aprendieran historia por cuenta de las programadoras de televisión, al mejor estilo de “los americanos”, asunto que nos permite después de 199 años, imaginar que Bolívar leyó el periódico de hoy, antes de pronunciarse ante el congreso independentista, ya que la ignorancia sigue siendo el instrumento de autodestrucción   y   hay   quienes,   entendiéndolo,  propician  y  auspician  el  oscurantismo.

La noticia del regreso de la enseñanza independiente de la historia a los colegios, que es buena, se opaca por la metodología de enseñanza memorística comunmente empleada y que no permite descubrir la utilidad de la historia en la generación del sentido de pertenencia, para formación de ciudadanos modelo, ni erigirse como fuente de inspiración para las personas del común, que con un poco de coraje se hacen grandes para siempre y las que, antagónicamente, con provecho de la ignorancia de un pueblo, algunos se hacen dignos y honorables y otros desgraciados y detestables.      

Las próximas elecciones de Senado y Cámara son una oportunidad metodológica para conocer la importancia de la historia y romper el ciclo cuatrienal que tiene amarrado el desarrollo regional, secuestrada la ética y difuminada la moral… pero para ello, la lógica de la lotería, la de apostar al mismo número o la de escoger uno al azar, no es aplicable.

Debemos preocuparnos en averiguar quiénes son los candidatos, quiénes los rodean, asesoran y acompañan, quiénes los financian y también, para descartar a algunos, evaluando  la velocidad de su enriquecimiento, que es directamente proporcional a los peores problemas que afronta el país.

Autor:
Fundación Participar
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