Sábado 21 de Julio de 2018 - 12:01 AM

La cadena de la corrupción

Columnista: Fundación Participar

El quiebre de los valores éticos ha permeado buena parte del universo institucional del país. El proceso se engendra en una dirigencia política, que siempre ha contado con aventajados intérpretes en el manejo non santo de la cosa pública; circunstancia originada en un poder que no siempre encarna la genuina expresión de una voluntad popular informada, sino que cabalga sobre los lomos de maquinarias que se mantienen muy activas gracias a las recompensas clientelistas y a las cuantiosas participaciones que derivan de la manipulación de la contratación estatal.

Obviamente, esa fuente politiquera contamina el accionar de la rama ejecutiva, porque allí, a través de sus obsecuentes agentes, se desvían los recursos fiscales, en principio destinados a financiar proyectos llamados a generar desarrollo y bienestar social.

El país fue sorprendido cuando se percató que los tentáculos de ese peligroso flagelo habían comprometido la conciencia de algunos magistrados de las altas cortes. Impensable que la venalidad de los corruptos hubiese llegado a los más elevados niveles de nuestra institucionalidad, otrora sitial de honor, reservado para quienes brillaban por su solvencia intelectual y su inquebrantable probidad.

Lo más preocupante en medio de este decadente escenario institucional es su capacidad de irradiación sobre el cuerpo social, en la medida en que ese repudiable accionar tiene la virtualidad de tornarse en un perverso referente colectivo, al punto de convertirse en una conducta socialmente permisible, en cuyo contexto ninguna sociedad es viable, ante el derrumbe de sus principios fundantes.

El gran desafío para el nuevo gobierno reside en la derrota de la apabullante corrupción que nos agobia; allí subyace la mayor fuente perturbadora de la gestión estatal y la consecuente explicación de nuestro subdesarrollo. Presidente Duque, el vigoroso respaldo ciudadano, que usted recibió en las urnas, debe ser interpretado como un sentido clamor popular por el rescate de la dignidad y la decencia en el manejo de lo público. El país espera el riguroso cumplimiento de ese mandato.

Autor:
Fundación Participar
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