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Sábado 03 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Despenalización de la droga

Columnista: Fundación Participar

Animada controversia interna suscitó la propuesta del Presidente en torno a la despenalización universal de la droga, lo cual implicaría que la producción, el comercio y el consumo de los narcóticos -excluidos la heroína y la morfina- quedarían legalmente habilitados.


Ese planteamiento se sustenta en el fracaso rotundo de la política represiva que, por décadas, han aplicado, sin resultados satisfactorios, los países que la producen y la comercializan -caso colombiano- y aquellos donde hace tránsito – caso mexicano-, de cuya confrontación se desprenden dramáticas secuelas: mafias que generan violencia, enriquecimiento ilícito, corrupción y destrucción de la familia y de las instituciones. Ante semejante tragedia se sugiere que solo desmontando el negocio desaparecerían sus deletéreas consecuencias, porque sus lucrativos precios derivan de la prohibición y el mejor estímulo a la producción es el consumo.


Desde la otra orilla irrumpió la voz del Procurador, expresando su oposición a la fórmula del Presidente, con un argumento que es moralmente inobjetable: ¿se justifica esa decisión si con ella se destruye a la juventud? Frente a ese interrogante hay quienes responden con otro no menos contundente: ¿le corresponde a Colombia y a México el costo de esa política, cuando los países consumidores se mantienen impasibles?


Cuando las soluciones no funcionan, es imperativo explorar nuevas opciones, y cuando los países consumidores nada dicen, les corresponde hablar a quienes padecen sus devastadores efectos; por ello resulta oportuno que el presidente le hubiese dicho al mundo, desde Londres, que el camino no es la represión sino la despenalización. Tal vez suene desafiante, porque significaría trasladar el balón a la cancha de los mayores consumidores, para que sean ellos quienes controlen su indeseable uso. Aquí cobra gran vigencia el sabio postulado: "educa al niño para no castigar al adulto". Es lo que corresponde a la comunidad internacional, prevenir el consumo, y el mejor dique de contención no es policivo, es la formación de una juventud sustentada en valores y principios, que la blinden contra la inevitable tentación de las drogas, en un mundo desbordado y enfermo.


Despenalización sin la alianza con la educación impartida desde la familia, el colegio y la universidad, sería otro experimento condenado al fracaso, cumpliéndose el pronóstico del procurador.


Los líderes del mundo desarrollado tienen la palabra; es fundamental que el debate se abra en el escenario internacional, el silencio enterraría la proposición presidencial.

Autor:
Fundación Participar
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