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Miércoles 25 de Enero de 2012 - 12:01 AM

El toreo: una decadente tradición

Columnista: Fundación Participar

Interesante tema de reflexión nacional propuso Petro en torno a la conveniencia de que el Estado siga siendo patrocinador del espectáculo taurino, como antesala a un debate de mayor calado: ¿existe razón suficiente para justificar su permisibilidad?

El primer cuestionamiento tiene un sustento contundente: ¿es éticamente admisible que el Estado financie la realización de eventos en los que se exalta la tortura y la muerte de un animal?   ¿Es un episodio digno de fomento y promoción?  Si podemos absolver esas preguntas afirmativamente, Petro no tiene la razón.

Los defensores argumentan que es una manifestación artística, entraña una expresión cultural y está profundamente arraigada en nuestras tradiciones. Veamos su consistencia:

Difícil reconocer intenciones artísticas a un conjunto de técnicas artesanales, diseñadas para lograr la muerte del toro; pero si con desmesura conceptual se aceptara que allí hay arte, ¿podríamos hacer abstracción de las demostraciones de sadismo y crueldad? Se confunde el arte con sus temas: el toreo ha inspirado numerosas obras de arte, solo recordemos el célebre grabado de Goya “Muerte del alcalde de Terrejón”, dramático episodio, producto de la aventura desbordada de la “fiesta brava”; también Hemingway se ocupó del tema, y aunque terminó defendiéndolo, reconoció que “el único lugar en donde se puede ver la vida y la muerte, esto es la muerte violenta, una vez que las guerras habían terminado era en el ruedo…”.

Y, ¿qué decir del toreo como cultura? Si la cultura es la síntesis de los conocimientos y la concreción de la capacidad creativa del hombre para moldear su crecimiento y bienestar, no es posible predicar esa connotación de un espectáculo sustentado en la violencia, en la destrucción y en la tortura. Nada  más contrario a los principios humanistas que sirven de asidero a la convivencia pacífica de una comunidad.

De cara a las tradiciones nos asiste el derecho de optar por las que nos definen y nos construyen, por las que nos dignifican y enaltecen y no por las que nos disminuyen y degradan.

Para la Unesco “La tauromaquia es el malhadado y venal arte de torturar y matar animales en público… Desnaturaliza la relación entre el hombre y el animal. Constituye un desafío a la moral, a la educación, a la ciencia y a la cultura”. El tema amerita un plebiscito, para que sean las mayorías quienes definan su suerte, como corresponde a una democracia.    

Autor:
Fundación Participar
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