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Miércoles 11 de Abril de 2012 - 12:01 AM

El confesionario universal

Columnista: Fundación Participar

Dentro de un año y medio todos los habitantes del mundo perderemos un espacio más en el derecho a la privacidad y a la intimidad, con la puesta en marcha de un perverso sistema que el Gobierno de Estados Unidos desarrolla, llamado Centro de Datos de Utah en Oak Rider, hoy en construcción en el Estado de Utah y que tiene un costo de dos mil millones de dólares, que ocupará un área de más de nueve hectáreas (92.900 metros cuadrados), proyecto donde intervienen más de 10 mil obreros.


Este sistema le permitirá a la Agencia Nacional de Seguridad, NSA, acceder a la totalidad de las llamadas telefónicas, comunicados de internet y en general toda la información que se maneja en el mundo. Son tres aspectos concretos que busca este sistema de información: guardar toda esta información para que las entidades del Estado la manejen a su conveniencia, decodificar material secreto para revisarlo y analizar cuanta información salga de cualquier ciudadano, empresa o institución.


Es posible que justifiquen este perverso propósito como un tema menor, ante la amenaza que representan los terroristas, los enemigos del sistema, los hampones, los narcotraficantes y todos aquellos que la agencia de seguridad considere enemigos de Estados Unidos, pero recordemos que el Gobierno Americano bombardeó a Irak para apresar a Saddam Hussein Abd al-Majid al-Tikriti, sólo para cambiar un gobierno que no obedecía los lineamientos de Washington y posteriormente el mundo vino a conocer que no había tal amenaza nuclear, sino simples intereses de las petroleras.


Este modelo norteamericano de penetrar la intimidad copia de manera fiel lo realizado durante siglos por la Iglesia Católica, con la institución de la confesión, que le permitía a los sacerdotes conocer los secretos más íntimos de todos los ciudadanos y generarle a su vez un poder enorme dentro de la sociedad. De esta misma manera, Estados Unidos logrará conocer la información más íntima y personal de los ciudadanos, con la fuerte diferencia que mientras la Iglesia la realizaba de manera voluntaria, para supuestamente perdonarle, en nombre de Dios, los errores y fallas al infeliz ciudadano, Estados Unidos hará lo contrario, recibirán la información sin consultar con quien la produce, de manera clandestina, y la utilizará para acusar y juzgar a los supuestos pecadores.
Estos hechos reales superan ya con creces las más espantosas profecías que los filósofos y pensadores del siglo XX veían para el futuro.

Autor:
Fundación Participar
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