Miércoles 26 de Noviembre de 2014
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General Alvaro Valencia
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Domingo 10 de Julio de 2011 - 12:01 AM

Enemigos agazapados

Autor: General Alvaro Valencia

El término lo acuñó Otto Morales Benítez cuando en la Comisión de Paz convocada por el presidente Julio Cesar Turbay, confiaba a la sabia dirección del expresidente Carlos Lleras Restrepo, tropezó con opositores de todos los pelajes, saboteadores de la idea pero con las garras de lobo bien disimuladas dentro y fuera del Gobierno, lo que lo indujo a renunciar al advertir que la buena fe del grupo y las muy sensatas recomendaciones  del doctor Carlos Lleras no llegarían a ninguna parte, entre otras cosas porque no existía voluntad política de un lado y buena fe del otro.
Mucho nos tememos que el fenómeno se repite en el desarrollo de la Ley de Víctimas, sin duda el más extraordinario programa sociopolítico de Gobierno frente al interminable conflicto en que se ha sumido la nación colombiana. Como es obvio, con enormes dificultades para su realización. Entre otras razones porque son muchos los enemigos agazapados. Unos por negativismo oposicionista pero los más porque el cumplimento de la ley afectaría intereses oscuros de índole mafiosa en la posesión de tierras mal habidas, que temen perder con la devolución a sus legítimos propietarios y recurren al expediente que han pasado a ser la intimidación, el asesinato de personal clave en el manejo del programa especialmente en los niveles ejecutivos, o de los poseedores legítimos y retornan a sus lares para recomponer las vidas desechas por el vendaval de la violencia.
Es aquí donde la acción  integral del Estado debe ponerse en marcha con la dinámica necesaria para el cumplimiento de una ley, cuyo contenido social es de tal naturaleza que bien puede definir el destino de la nación, para salir del tremedal de violencia polifacética donde nos debatimos o prolongar sin término ni esperanza una existencia flagelada por la acción criminal de estos sí declarados  enemigos  de la paz y la convivencia civilizada. Son los sujetos que se hicieron a la propiedad ilegitima de la tierra, unos cuantos suficientemente conocidos, otros de quienes se sospecha con buenas razones, quizá los más enquistados en el propio Estado o nuevos ricos, fantoches, presumidos, pasean su ensoberbecida y más que discutible elegancia por los ámbitos del jet set. Su mero aspecto, su extravagancia y maneras lo denuncian, pero  la sociedad complaciente los admite porque son derrochadores, vanidosos y “buenas papas”. Admitimos que el exorbitante costo del proceso desafía a la Hacienda Publica. El Gobierno que ha luchado a brazo partido por impulsar la Ley hallara los recursos. En obtenerlos habremos de colaborar los colombianos. Es un empeño nacional y el realizarlo esta comprometido el destino de Colombia.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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