Según los sabios el fracaso no existe, es sólo un aprendizaje necesario y un peldaño hacia el éxito.
Todos los triunfadores han sido buenos perdedores y han tenido otras derrotas después de estar en la cima.
Se sabe que el inventor Edison fue tildado de torpe por un educador y que Einstein fue rechazado en la universidad.
Los pintores impresionistas fueron criticados y menospreciados por los académicos de la época.
Y entre tantos ejemplos recordemos la primera presentación de la obra de teatro La gaviota, de Antón Chejov.
Esta comedia del escritor ruso sólo fue bien acogida después, pero al inicio fue un absoluto fracaso.
Él pensó dejar el teatro, no lo hizo y escribió obras maestras como Tio Vania, Las tres hermanas y sus geniales relatos breves.
Una de las lecciones más importantes de la vida es aprender de los fracasos y no amilanarse por ellos.
************
En ocasiones sientes que ya no puedes más, sólo hay un dolor sordo, densas sombras y un alma seca.
Entonces te acosa la tentación de sucumbir y sientes que no hay motivos para continuar una lucha tan fatigosa.
Es lo mismo que sintieron en su momento seres como Moisés, Elías, los profetas y el mismo Jesús.
En esos días sin norte y sin luz recuerda que todo lo que nos llega es porque somos capaces de asumirlo y superarlo.
Aún la pena más desoladora es pasajera y paso a paso se logra sobrellevar con una fe firme y una paciencia infatigable.
Pero una cosa es decirlo y otra practicarlo porque hay golpes que te dejan en el suelo, sin arrestos de esperanza.
Nunca pelees con Dios porque Él sólo respeta tu exigente Plan de vida o el uso que has hecho de tu libertad.
Busca ayuda, vive el momento y cree que al final todo estará bien. Repite en tu interior: Esto también pasará.

