Un sabio dijo a sus discípulos: “Hay dos formas de vivir: orientados hacia el miedo u orientados hacia el amor y la confianza”.
Tú eliges qué rumbo tomas, y lo que te lleva a la Luz es amarte, amar y apoyarte en una firme confianza.
El miedo desaparece cuando la fe en Dios y en ti es grande. La fe y el miedo no pueden estar juntos.
Descansa en Dios, ora sin cesar, saca tiempo para relajarte y haz constantes actos de confianza.
Valora tus dones y, en lugar de esconder tus talentos, aprovéchalos y da un buen fruto con ellos.
Jesús insistió mucho en el buen uso de los talentos que cada persona tiene para ser feliz y hacer el bien.
Por lo mismo, no caigas en la trampa de menospreciarte o de justificar tu falta de ánimo y coraje.
Eres el resultado de lo que decides, no de lo que hayan hecho o dejado de hacer tus padres.
Asume responsabilidad por tu vida y sé un arquitecto de las circunstancias, no una víctima de las mismas.
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El secreto para estar bien es la Ley de Atracción: atraes casi todo lo que piensas.
Lo que piensas y expresas de un modo recurrente se convierte en un decreto y lo atraes: lo que se decreta se concreta.
Tu mente es un imán y los semejantes se atraen. Atraes lo que piensas y deseas.
Cada pensamiento tiene una frecuencia y los pensamientos y las palabras son energía.
Si tus pensamientos están reforzados con emociones, buenas o malas, eso acelera la creación.
Si hablas mucho de enfermedad tienes enfermedad, si hablas mucho de prosperidad, te llega, etc.
También hay una Ley de Correspondencia: sólo atraes lo que te mereces, nada más.
En el plano espiritual hay justicia y no existe la impunidad. Cada cual recibe lo que le corresponde.

