Publicado por: Gonzalo Gallo
Muchos males son imputables a cuatro plagas: el miedo, el egoísmo, el odio y el orgullo.
Te dejan sordo y ciego, te apartan del buen Dios y deterioran al máximo tu vida y tus relaciones. Ora así:
Ayúdame, Dios mío, a desenmascarar los saboteadores de la felicidad, a cuidar mi alma y buscar la luz.
Necesito entender que el mayor éxito es el que obtengo sobre mi mismo con disciplina y muy unido a ti, Señor.
Todo está bien cuando confío, amo, domino los impulsos y evito cóleras inoportunas.
Si dedico tiempo a meditar y estar contigo, no tengo las manos atadas y alcanzo un equilibrio envidiable.
¿No es la paz del alma lo que más anhelo? Sí, en ella está esa felicidad que no me ofrece lo material.
Dios mío, hoy mismo cambio el rumbo y me centro en amarte, amar y estar sereno.
Cada día te quiero más.
*************
No te definas por tu cuerpo, eres un espíritu en aprendizaje y conectado a todo en el universo.
Eres parte de Dios, eres un campo infinito de posibilidades desplegándose. La fuerza creadora de Dios está en ti.
Cree y piensa que te mereces lo mejor ahora. Borra creencias limitantes.
Tu vida depende de tus decisiones y tus decisiones dependen de tus creencias.
Libérate de un afán funesto: controlar a los otros.
Renuncia a controlar el mundo, tus amigos, tu pareja o tus hijos.
Borra de tu mente la palabra carencia, ya que hay suficiente para todos. Deja una falsa actitud de avaricia.
La verdad es que hay suficiente amor, ideas creativas, poder, alegría y felicidad para todos.
Cultiva la aceptación y no hagas resistencia, ya que pelear crea sufrimiento. Lo que se resiste, persiste.












