Publicado por: Gonzalo Gallo
Ayúdame, Señor, a eliminar cualquier vestigio de crítica, juicio, condena, de exclusión y desamor.
Que yo logre superar la separación entre buenos y malos y entienda que tú estás en todas las personas.
Si miro con tus ojos y amo con tu corazón, veo a los enemigos como maestros de amor que me pulen.
También los “malos” tienen un “Yo” sagrado y aunque fallen, tú estás en ellos y son parte tuya.
En lugar de juzgarlos debo amarlos y aceptarlos; en lugar de condenarlos, puedo tratarlos con compasión.
Cuando yerran “no saben lo que hacen” y lo mismo hago yo si me aparto de tu lado.
En tu plano de amor todo está bien programado y las tinieblas son tan necesarias como la luz.
El reto es amar en lugar de odiar y comprender en lugar de odiar. Estoy en la tierra para unir, no para enfrentar.
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Escucha a Dios muy dentro de ti y siente que El te sonríe, te abraza y te susurra muy quedo:
Te amo infinitamente y siempre estoy contigo, siempre. Te amo y nunca te dejo.
Soy ese ser con el cual peleas en tus noches y creo en ti, aunque tú a veces no creas en mi.
Eres parte mía, eres un rayo de mi luz como lo son todos los seres humanos, incluso los que andan en la inconsciencia.
¿Por qué dudas de mí y de ti? ¿Dónde está tu confianza? Llegó la hora de creer firmemente y esperar ardientemente.
Llegó la hora de amar aquí y ahora y no perder tu paz en un ayer que no existe o en un futuro incierto.
Llena tu vida de luz con una aceptación serena de ti mismo, de la realidad y de los demás.
Te amo infinitamente y te recuerdo que eres capaz de vivir todo lo que te llega. Al final todo estará bien.












