Publicado por: Gonzalo Gallo
Antes de venir a la tierra ya eras parte de Dios y, con su guía, trazaste un plan y elegiste una misión.
Escogiste cuerpo, padres, hermanos, amigos, enemigos, profesión, enfermedades y tu misma muerte.
Ahora, con tu libre albedrío, sigues ese plan con amor o con desamor, con Dios o lejos de Él.
Nada de lo que te sucede es casual y todo tiene un sentido, incluso lo que te parece absurdo o desastroso.
Zarandeado por las penas te preguntas ¿dónde está Dios? Y te dices: ¿por qué me sucede esto?
La verdad es que Dios está siempre contigo, pero no te exonera de pruebas que tú mismo programaste para evolucionar.
El hecho es que sólo puedes practicar: perdón si te ofenden, desapego si pierdes algo o paciencia si te tallan.
Por eso nada es “malo” sólo está allí para que crezcas y mejores. Tú lo elegiste y eres capaz de superarlo.
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Algunas personas viven esperando una gran dicha, una experiencia radiante para ser felices.
Se equivocan, porque la felicidad está allí, en el cotidiano vivir, para aquel que no se queda en lo externo.
Por eso disfruta comiendo y disfruta caminando, disfruta con una canción y disfruta con un paisaje.
Sé feliz ahora mismo con lo más simple y lo más pequeño, en lugar de esperar hechos extraordinarios.
No aplaces la felicidad para un mañana incierto y no le pongas fechas ni condiciones.
Sería muy triste que dijeras: “seré feliz si...”, o “seré feliz cuando...” No, decide ser feliz ahora mismo.
Valórate y aprecia todo sintiendo a Dios en tu interior; con Él todo se ilumina y sonríes enfermo o con serios reveses.
Ojo: Sufrimos demasiado con lo poco que nos falta y gozamos muy poco con lo mucho que tenemos.












