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Miércoles 19 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Oasis

Columnista: Gonzalo Gallo

Franz Xaber Mozart vivió toda la vida a la sombra de su padre, a quien no conoció, porque murió meses antes de su nacimiento.

Desde niño estuvo bajo la presión de su madre Constance, que quería un segundo genio Mozart. Tuvo buenos profesores como Salieri, pero no la chispa del papá.

Entonces sobrellevó un destino triste y complicado con una madre que desde pequeño lo puso ante el piano y le exigió bastante.

Cuatro hermanitos habían muerto niños y le quedó Karl Thomas. Ya adulto fue profesor y en Europa dio conciertos pero con éxitos modestos.

La sombra de su padre lo siguió en su muerte. En su tumba se lee: “El nombre de su padre es su epitafio, y su veneración por él fue la esencia de su vida”.

Era introvertido y muy dado a la autocrítica. Solía menospreciar su propio talento, no se casó ni tuvo hijos y murió en 1844.

Es deplorable saber que aún existen padres como Constance, que imponen a sus hijos un destino y les amargan la existencia.

Son egoístas y creen que sus hijos deben vivir la vida que ellos les tracen que, a veces, es lograr lo que ellos no pudieron. No, amar es respetar.

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Arroja los antifaces y elige ser íntegro y auténtico, convencido de que el amor se apoya en la verdad, y la verdad es el espacio de la confianza.

Según la escritora francesa Marguerite Yourcenar, los amigos de la mentira sufren este serio castigo: “En ellos, a la larga, la máscara se convierte en rostro”.

Por eso necesitas aferrarte a la verdad y convivir en armonía sin usar las máscaras empleadas por los actores en Grecia.

Esos antifaces que empleaban en sus dramas o comedias dieron origen, como es bien sabido, al término persona.

Una máscara es posar de víctima como las madres quejumbrosas, otra es la de complacer a todos, o ser el payaso, el “vivo” o el fuerte.

Desde niños muchos se ponen esos antifaces y no son ellos mismos porque viven de lo aparente y del qué dirán.

Alégrate si descubres tus máscaras y las arrojas lejos, si haces tu propio camino y das lo mejor con tus talentos.

Muy triste que no seas tú mismo, que lleves una vida doble, que no vivas tu vida, sino la que te dejes imponer o eliges sin coherencia.

Autor:
Gonzalo Gallo
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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