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Miércoles 16 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Oasis

Columnista: Gonzalo Gallo

Del pensador y terapeuta Gilbert Brenson es un valioso texto sobre la autenticidad y la transparencia que ojalá te inspire:

“Cada vez que me pongo una máscara para tapar mi realidad, fingiendo lo que no soy, fingiendo no ser lo que soy, lo hago para atraer a la gente.

Luego descubro que sólo atraigo a otros enmascarados, alejando a los demás debido a un estorbo: la máscara.

Uso la máscara para evitar que la gente vea mis debilidades y luego descubro que, al no ver mi humanidad, los demás no me quieren por lo que soy, sino por la máscara.

Uso una máscara para preservar mis amistades; luego descubro que si pierdo un amigo por haber sido auténtico, realmente no era amigo mío sino de la máscara.

Me pongo una máscara para evitar ofender a alguien y ser diplomático y luego descubro que aquello que más ofende a las personas con quienes quiero intimar es la máscara.

Me pongo una máscara convencido de que es lo mejor que puedo hacer para ser amado. Luego descubro la triste paradoja:

Lo que más deseo lograr con mis máscaras es precisamente lo que impido con ellas”. Arroja las máscaras si quieres ser feliz.

******************************

Espero que la siguiente historia nos ayude a todos a ser sabios y a evitar juicios apresurados y ligeras suposiciones:

Una familia estaba disfrutando un paseo de mar en una playa con un día bien soleado. Los padres se bronceaban y los niños se divertían haciendo castillos de arena junto al agua.

De pronto, a lo lejos, apareció una anciana desgreñada y harapienta que, al parecer, decía algo entre dientes.

A medida que avanzaba hacia ellos la anciana, canosa y sucia, recogía algo del suelo y lo echaba en un costal.

Los papás llamaron a sus hijos y les dijeron que no se acercaran a esa vieja y tuvieran cuidado con tan extraño personaje.

Cuando la anciana pasó hizo un saludo y le dirigió una amable sonrisa a la familia que no fue devuelta.

Más tarde se enteraron de que la anciana hacía años limpiaba la playa de cristales u objetos cortantes para que los niños no se hirieran.

Nota: Elige no juzgar porque aquel que ama de verdad no juzga. Crece en comprensión y en compasión a imitación de Jesús.

Autor:
Gonzalo Gallo
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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