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Miércoles 30 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Oasis

Columnista: Gonzalo Gallo

Nunca te refugies en el oscuro desván de la negación. No me pasa nada -dices-. No estoy enfermo, no tengo anorexia, no estoy borracho.

Esta relación no está muerta, él (ella) va a cambiar, el negocio va bien… Negar, negar y volver a negar es una forma de ceguera peor que la real.

Así, por no enfrentar la dura realidad, sufres como el ciego que simula ver. Negar es un mecanismo de defensa, una torpeza que Saramago describe bien en su estremecedora novela ‘Ensayo sobre la ceguera’.

Todos atravesamos valles de dolores y al negar, renegar o quejarnos, lo único que logramos es poner más piedras y espinas en el camino.

Por tanto llena tu alma de luz, fortalece tu fe y lleva tus cuitas y penurias con paciencia, mansedumbre y mucha paz.

El dolor es un maestro y, aunque no te gusten sus enseñanzas, las necesitas para darle temple al espíritu y a cada cosa su justo valor.

Es normal que te rebeles si una pena o un problema te destrozan pero, paso a paso, un día miras hacia atrás y le ves sentido a lo que hoy es absurdo.

En una perspectiva espiritual todo es pasajero y está dado para llevarnos a evolucionar, amar mejor y ser lo que debemos ser. Nada es casual.

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Sin que se pueda comprobar se atribuye al sabio chino Confucio esta frase: ‘Si sacamos provecho de nuestras derrotas, probablemente no hemos perdido’.

También se le endilga a Shakespeare porque hay frases que se atribuyen a distintos pensadores o sabios.

Gary Kasparov, brillante campeón mundial de ajedrez, agradeció haber tenido un gran adversario como lo fue Anatoli Karpov también campeón del mundo.

Según él si no hubiera tenido la fortuna de perder con semejante rival y aprender, no habría llegado tan lejos. Saber perder es vital.

Todo ganador ha sido un buen perdedor, o sea, alguien que ha sacado valiosas lecciones de humildad, fe y persistencia de sus fracasos.

En realidad un ser inteligente no habla de fracasos, habla de experiencias, de aprendizajes necesarios y valiosos.

El fracaso sólo existe cuando te das por vencido. El fracaso es pasajero, es simplemente un trampolín hacia el éxito.

¿Sabes fracasar? Aprende de las necesarias derrotas y no dejes que te apabullen y te hundan en el pantano de las quejas o el pesimismo.

Autor:
Gonzalo Gallo
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