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Miércoles 06 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Oasis

Columnista: Gonzalo Gallo

Tu verdadera fuerza está en tu interior, no afuera. Está en tu alma, en tu fe y tu esperanza, aunque estés asolado por los zarpazos de la fatalidad.

No es un despropósito afirmar que eres capaz de superar cualquier barrera o escollo si te abres a lo sobrenatural.

En otras palabras, si sientes a Dios, lo vives y lo expresas; sí Él es tu amado, tu escudo, tu guía y tu amigo.

Logra que Dios sea para ti tu amado como lo fue para San Francisco de Asís, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.

Ellos y otros místicos como Meister Eckhart, Santa Teresita del Niño Jesús, Rumi en Persia y Kabir en la India fueron enamorados de Dios.

Su espiritualidad profunda la vivieron en una relación constante de amor con el Creador, el Padre o el Amigo Dios.

Es la misma relación que de modo hermoso y poético se describe en el Cantar de loa cantares de la Biblia. Léelo para tu bien.

Si Dios es tu amado, ¿qué temes, qué necesitas de más o qué te falta? “Quien a Dios tiene nada le falta”. Santa teresa de Jesús.

En cierta ocasión Jesús vio a un hombre llamado Mateo en su puesto de cobrador de impuestos y le dijo: “Sígueme”. Mateo se levantó y lo siguió.

Como Jesús estaba comiendo en casa de Mateo, un buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora vino a sentarse a la mesa con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos al ver esto decían a los discípulos: ¿Cómo es que su Maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?

Jesús los oyó y dijo: No es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. Aprendan lo que significa esta palabra de Dios: Me gusta la misericordia más que las ofrendas.

Hasta acá el texto bíblico que enseña mucho y que encuentras en el evangelio del mismo San Mateo en el capítulo 9, 9-13.

Sé consciente de que los fariseos eran “los buenos” del tiempo, los que oraban, ayunaban, diezmaban y leían los textos sagrados.

¿De qué les servía si juzgaban a los demás? En su ego espiritual ellos eran los puros y los demás eran los pecadores.

Bien, ojalá nos ponga a pensar y cambiar ya que cualquier parecido con la realidad actual de bastantes “buenos” o creyentes no es simple coincidencia.

Autor:
Gonzalo Gallo
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