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Miércoles 27 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Oasis

Columnista: Gonzalo Gallo

Los seres apasionados conocen el poder magnético de un sueño que se persigue y no se rinden ni siquiera en las peores encrucijadas.

Tienen fe y saben que la historia humana es un proceso dialéctico en el que los “males” son necesarios para avanzar.

De hecho, todos los inventos y los logros son respuestas a lo que el negativo ve como problemas o necesidades.

Los pesimistas deberían recordar experiencias caóticas como la epidemia que sufrió la especie humana en el siglo XIV, en la década de 1330 a 1340.

En ese entonces apareció en el Asia Central una variedad de peste bubónica que de un modo fatal se propagó por todas partes.

Los infectados morían en 2 o 3 días llenos de manchas oscuras y, por eso, se habló de “la Muerte Negra”.

Mató a 70 millones de personas, la tercera parte de la población del planeta. El pánico se apoderó de todos y los apocalípticos anunciaron el fin del mundo.

Pero el universo sigue su evolución incluso con plagas como el sida que no se comparan ni de lejos con la Muerte Negra.

La evolución guiada por Dios es una sucesión de cambios y de crisis y los seres ricos en confianza mejoran con ellas y con ellas se fortalecen. La visión que tenemos de la realidad es subjetiva aunque el ego orgulloso nos convence de que somos objetivos y tenemos la razón.

Nos pasa como a esa mamá que se sentía muy ofendida con su hijo de 16 años. Ella no podía tolerar que él fuera unos pasos delante de ella cuando salían juntos.

Un día no se aguantó más y le preguntó qué era lo que le avergonzaba de ella. “Ay, mami, ¿cómo puedes pensar eso?, le dijo él bastante turbado. Y le dio esta explicación:

“Te ves súper joven y no quiero que algún compañero piense que tengo una nueva novia”.

La madre sonrió y desde ese momento la supuesta ofensa se desvaneció como por arte de magia.

Así somos, vemos la realidad no como es sino como somos, y creemos que nuestra opinión es la verdad. En las relaciones los juicios crean pendencias y conflictos.

Por eso hay una atmósfera respirable y un ambiente cálido cuando decides hablar bien de los demás y defenderlos cuando otros los despellejan.

Un hogar y una empresa marchan bien cuando todos se vacunan contra el juicio y la envidia. Dos plagas peligrosas.

Autor:
Gonzalo Gallo
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