Viernes 09 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Juego de abalorios

Columnista: Gustavo Galvis Arenas

Con motivo de la detención del alcalde de Barrancabermeja y los graves problemas que afronta el doctor Peñalosa en Bogotá, me propongo hacer algunas reflexiones. Siempre he sido un defensor de la elección popular de los alcaldes, porque considero que el pueblo es el que debe encargarse de escoger a quien dirija una comunidad. He sostenido además que los antiguos alcaldes, designados por los gobernadores, solamente eran unas buenas personas pero no tenían ni la capacidad, ni los recursos para hacer obras significativas en su municipio. Algunos eran alcaldes de profesión y ejercían su oficio sin pena ni gloria. Hubo alcaldes que desempeñaron esta posición en muchos municipios del departamento. Muy honorables pero sin trascendencia.

La elección de alcaldes cambió el panorama. Porque el jefe de gobierno debe rendirles cuentas a sus electores. Y hay un argumento muy interesante, en la mayoría de los países los alcaldes son elegidos por voto popular. No solamente por su gran contenido democrático, sino por un principio de inmediación. Pero los alcaldes que se hacen elegir para enriquecerse pervierten el sistema. Y otro problema es que hay políticos que llegan a las primeras magistraturas de los pueblos únicamente con el fin de lograr otros cargos de elección popular. Lo tienen como trampolín y como recurso financiero.

No podemos creer que terminando con la elección de alcaldes se acabe la corrupción. Sería caer en el error en el que incurrieron administraciones departamentales, que en lugar de corregir las fallas en las empresas, como ocurrió con la Licorera de Santander, resolvieron acabarla. Y con la imprenta del departamento sucedió algo parecido. Pero como para Sábados Felices, hay que recordar que la excelente banda del departamento fue desintegrada, porque dos falsos músicos operaban en las retretas. Lo serio sería que para evitar la corrupción de los alcaldes y gobernadores se le diera más poder a la Procuraduría y se diseñara un sistema diferente de auditoría. De lo contrario continuaremos en un verdadero juego de abalorios.

Autor:
Gustavo Galvis Arenas
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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