Viernes 27 de Abril de 2018 - 12:01 AM

Iglesia y Estado

Columnista: Gustavo Galvis Arenas

Las relaciones entre la iglesia y el Estado siempre han sido complicadas. A Sócrates lo condenaron a muerte por impiedad. Los romanos continuaron con la misma religión de los griegos hasta cuando apareció el cristianismo y sus antiguos dioses entraron en decadencia.

Roma terminó siendo cristiana y empezó a generar fanatismo religioso. El edicto de Tesalónica fue un modelo de intolerancia religiosa y finalmente los cristianos se apoderaron del imperio.

En la edad media el fanatismo religioso fue proverbial, apareció la inquisición y se les olvidó a los altos jerarcas que, según los evangelios, cristo dijo: dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar.

En Egipto, el faraón Amenofis ideó el monoteísmo con Atón y así logró frenar a los sacerdotes alimentados por el politeísmo. Moisés dominó a los hebreos afirmando que jehová daba todas las órdenes. Y Mahoma afirmó ser enviado del arcángel San Gabriel para dominar a los árabes.

Siempre ha habido una simbiosis entre la iglesia y el Estado. En Inglaterra, Enrique VIII armó la religión anglicana y los rusos organizaron su imperio alrededor de la iglesia ortodoxa. Los alemanes con Lutero lograron desvincularse del vaticano, con una mezcla de política y religión.

Pero todos estos movimientos adornados por fanatismos y persecuciones. Recordemos la noche de San Bartolomé y la ejecución de Giordano Bruno y Santa Juana de Arco.

Pero ocurre que algunos políticos se equivocan cuando tratan de asimilar la religión y el gobierno.

Estamos viendo actualmente cómo nuestro ex alcalde terminó en un espacio intramural porque trató de asimilar la iglesia El manantial de amor con la política. Fue un juego satánico que frustró sus aspiraciones políticas.

Es por eso que Juan Jacobo Rousseau planteaba la necesidad de una religión profana, sin fanatismos y buscando siempre el bienestar del pueblo.

Autor:
Gustavo Galvis Arenas
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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