Viernes 25 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

Saludo a la bandera

Columnista: Gustavo Galvis Arenas

Quiero insistir en los problemas que generó la suspensión de la cátedra de Historia en el bachillerato. Hoy, cuando encontramos en las noticias internacionales los problemas de Siria, Turquía, Rusia, recordamos con aprecio nuestros profesores de historia y nos parece excelentes los libros, muy criticados en su época. Nos viene a la memoria el padre Ríos en el Colegio San Pedro, cuando nos hablaba de Senaquerib, Akhenaton, Asurbanipal, Cleopatra, Hammurabi, y muchos otros monarcas de la antigüedad. Conocimos las proyecciones de todos esos pueblos, que entre otras cosas, son importantes para entender los problemas actuales. Era un mundo distinto con ilusiones diferentes, proyecciones faraónicas, pero un común denominador “el vivir bien”, proyección hacia lo grandioso.

La mayoría de los pueblos rinde culto a su historia. Veamos por ejemplo los norteamericanos, que rinden culto a la modernidad, no olvidan en ningún momento su próximo pasado y al lado de los grandes edificios contemporáneos conservan edificaciones que recuerdan épocas gloriosas. Francia es modelo de culto a la modernidad y al pasado, junto a edificaciones modernas se levanta la Torre Eiffel, el Museo de Louvre y las viejas casas de Montmartre. Y los españoles conservan su recuerdo de los celtas y los iberos. No olvidan a los visigodos, y uno de los mejores escenarios de turismo es la visita a los monumentos musulmanes. Los peruanos y mexicanos conocen su historia con entusiasmo. Los niños en estos países recitan la historia de Vira Cocha, HuaynaCápac, Moctezuma sin ningún rubor. Dicen que la mitología peruana es mejor que la griega. Cuando se eliminó la historia en Colombia, consideraron los sabios promotores de este dislate que en esta forma habría más tiempo para la tecnología, especialmente la química, ingeniería y arquitectura. Y se abrió un mundo para los jóvenes con especialidades en Colombia y en el exterior, era necesario utilizar el tiempo en la construcción de un mundo moderno, igual a los Estados Unidos, Francia, Inglaterra o Rusia. Pero en los tiempos modernos vemos cómo la tecnología no logró meterse en la vida colombiana y sí la cultura se acercó a lo esotérico. Hoy la lectoría en Colombia ha disminuido dramáticamente y definitivamente no somos un país técnicamente contemporáneo. Los desplomes de los edificios, las caídas de los puentes, los problemas técnicos de Barrancabermeja y Cartagena en lo que respecta al petróleo nos demuestran que fracasó la idea de los “sabios”.

Autor:
Gustavo Galvis Arenas
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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