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Martes 05 de Marzo de 2013 - 12:01 AM

La crisis de la caficultura

Resiliencia: La capacidad de un sistema, una empresa o una persona para mantener su objetivo central y su integridad ante circunstancias que han cambiado dramáticamente. Así la define Andrew Zolli en su reciente libro escrito con el mismo título; mejorarla  equivale  a preservar la capacidad de adaptación a circunstancias que han cambiado y al mismo tiempo mantenerse en el propósito principal. El concepto está de moda. La reciente cumbre de líderes mundiales en Davos, Suiza tuvo por nombre, “dinamismo con resistencia”: desarrollo económico sí, pero blindado contra las crisis.

En este contexto, la crisis de la caficultura nacional con sus graves  impactos económicos y sociales sobre el medio millón de familias que devengan su subsistencia de esta actividad, se debe a la falta de estrategias tempranas para hacer frente con éxito a amenazas y desafíos que ya  son  realidad.

Durante muchos años fui caficultor y sé de las dificultades de esta actividad. Hace dos décadas Colombia era el segundo productor mundial después de Brasil; producíamos 16 millones de sacos de café; hoy solo la mitad, por debajo de Vietnam y Filipinas. Muchas cosas han pasado; el cambio climático con sus inviernos y veranos extremos afecta los cafetales; los hijos de los pequeños caficultores se han ido a las ciudades en busca de mejores oportunidades; el incremento de costos de producción como salarios, abonos, fungicidas, herbicidas, combustibles, servicios públicos, transporte y financieros, entre otros; aparecieron enfermedades como la roya, broca, mancha de hierro y gotera, para citar sólo algunas; la revaluación del peso que afecta principalmente a los productos de exportación y la baja en el precio internacional del grano. Y en el contexto de la globalización, la innovación y la competencia, la Federación Nacional de Cafeteros que fue vital para la investigación, la asistencia y apoyo a los caficultores, ya no es ni sombra de lo que fue.

Autor:
Gustavo Galvis Hernandez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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