Publicado por: Gustavo Galvis Hernandez
Los informes de gestión del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y las corporaciones ambientales regionales tienen resultados positivos pero desafortunadamente en el país la depredación ecológica sube por el ascensor mientras las acciones para frenarla van por la escalera a paso de tortuga, pese a la abundante legislación al respecto.
Comencemos por el recurso hídrico. El tratamiento de las aguas residuales de origen doméstico e industrial es impresionantemente bajo; solamente el 30% de los municipios tienen algún sistema de tratamiento primario, el más elemental. Muchas de las plantas están fuera de servicio por razones técnicas o de costos de operación y mantenimiento.
Medellín con su moderna planta en favor de su río es una excepción. A las descargas de aguas negras urbanas y basuras no escapa quebrada o río, como en el Área Metropolitana de Bucaramanga con el podrido “Río de Oro” cuando pasa por Girón; dan ganas de llorar. El problema crece porque la población y las ciudades crecen sin que se
tomen las decisiones gubernamentales estratégicas y financieras necesarias.
Bosques. No hay pruebas de que baje la tasa de deforestación; 300.000 hectáreas al año principalmente por la potrerización improductiva e insostenible ambientalmente; 0.6 cabezas por hectárea. Se arrasa con todo en favor de la erosión, la disminución de caudales y la pérdida de la biodiversidad. Los páramos tampoco escapan; hay que ver la
lucha tan intensa para tratar de salvar al de Santurban.
Medio ambiente urbano. Basura por la incultura, ruido por todas partes para el estrés y la depresión; aire contaminado por fuentes fijas y móviles de los millones de carros; ciudades grises con poca siembra y mucha tala y podas extremas de los árboles sobrevivientes al odio por lo verde.
Educación ambiental. Poco para mostrar si no fuera por los medios de comunicación con las noticias sobre el tema.










