Martes 16 de Octubre de 2018 - 12:01 AM

Contra las drogas alucinógenas

Columnista: Gustavo Galvis Hernandez

Son innumerables las tragedias familiares causadas por el consumo de drogas alucinógenas por alguno de sus miembros.

Recuerdo el caso del joven estudiante con un futuro promisorio por su alto desempeño académico en una universidad de renombre. Algún amigo lo motivó a que las probara y cayó en el maldito vicio.

Tiempo después, para mi sorpresa, lo vi en un estado miserable escarbando algo de una caneca de basura. Sus entradas y salidas de un centro de rehabilitación no bastaban para su total mejoría. Mucho después, quien había sido su esposa, me contó que se casó con el personaje de esta historia con la esperanza de que lo sacaría de ese infierno, pero que fue imposible. No sé qué ocurrió después. Sus padres tampoco pudieron soportar esa inmensa tragedia de dolor e infortunio.

Actualmente, el problema de las drogas prohibidas en el país ha dejado de ser un caso más de la economía de mercado; de oferta porque hay bastante demanda en los países ricos, o de demanda porque hay suficiente oferta de coca y marihuana, lo que se ha convertido en un problema crítico de las relaciones diplomáticas internacionales, especialmente con el gobierno de los Estados Unidos.

Pero además, impulsado por la urbanización y el crecimiento poblacional imparable, el consumo interno se ha incrementado como epidemia social en los últimos años con todas las implicaciones nefastas sobre la vida de muchas personas -sin distingo de clase o estrato social- que caen en el vicio, causando además un incremento de la inseguridad por el delito del microtráfico.

Por tal motivo el gobierno ha resuelto prohibir el consumo de drogas psicoactivas en las zonas públicas, enfrentando a la delincuencia que las ofrece en las cercanías de los centros educativos tratando de conseguir clientela joven que puede caer con la justificación absurda del “derecho al libre desarrollo de la personalidad”.

Autor:
Gustavo Galvis Hernandez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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