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Martes 04 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

El poder social

Columnista: Gustavo Galvis Hernandez

Alvin Toffler uno de los pensadores más importantes de nuestro tiempo, en uno de sus famosos libros, El Cambio de Poder, nos decía que la triada del poder la integran, "la fuerza, el dinero y el conocimiento".


Pero otros analistas también con razón afirman que en el mundo actual se distinguen tres poderes, y que cada uno de los cuales se expande o se contrae en función de los otros dos: el poder político representado por los partidos y los gobiernos que resultan del juego democrático; el poder económico representado por las empresas, corporaciones y mercados, y el "poder social" que contiene o agrupa comunidades, asociaciones, cooperativas, sindicatos, organizaciones profesionales, la llamadas organizaciones no gubernamentales ONG, etc.


Indudablemente el llamado poder social, civil o ciudadano, con sus distintas formas de expresión se ha venido fortaleciendo y manifestado con fuerza impresionante gracias al gran avance técnico de la llamadas Tecnologías de la Información y Comunicación, su universalización y cuya máxima expresión está en el poder del internet, con sus aplicaciones en las redes sociales. Se demuestra su eficacia en el poder de convocatoria por estos medios de los líderes de las recientes revoluciones en Egipto y Libia, los "indignados" en España o las grandes olas de protesta estudiantil en Chile que tienen en el más bajo índice de popularidad al Presidente Piñera.


El poder social también está de moda para las causas en defensa del medio ambiente. Como las gigantescas protestas de los indígenas de Bolivia en defensa de la reserva ecológica de Timpis, amenazada por la construcción de una carretera y que tiene en jaque al presidente Evo Morales. Y poder social también, el que hasta ahora ha impedido que el Páramo de Santurbán en Santander deje de ser en el futuro la gran fábrica del agua para el consumo de millones de personas. En otras palabras el poder social o ciudadano, está demostrando que sin "licencia social" no la tienen tan fácil los abanderados del desarrollismo a ultranza, defensores de proyectos sin sostenibilidad ambiental, con la imagen de marca de ese individualismo, que como alguien lo dice, es capaz de destruir el mundo si ello es rentable.

Autor:
Gustavo Galvis Hernandez
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