Publicado por: Gustavo Galvis Arenas
Cuando un problema no se resuelve a tiempo, se convierte en insoluble. Hace muchos años, acá en Bucaramanga, empezaron algunos vendedores por las calles. Eran muy pocos, casi no se notaban. No competían con nadie. Pero fueron pasando los años y este fenómeno de los vendedores ambulantes fue creciendo en forma acelerada y, para algunos, desproporcionada. Cuando ya ofreció dificultades por las quejas de los comerciantes formales y la ocupación del espacio público, los alcaldes empezaron a tomar medidas. Eran soluciones parciales, porque nunca resolvieron el problema. El espectáculo de los policías “correteando” a los vendedores era dramático y a veces pintoresco. Cuando los vendedores informales oteaban que los policías se acercaban, corrían con sus productos y los parroquianos de la pequeña ciudad de otrora miraban las carreras con inquietud a veces, y en otras oportunidades con una sonrisa en los labios.
Luis Fernando Cote, cuando fue alcalde, intentó agruparlos en un edificio, pero parece que todo fue un fracaso. Hoy ha crecido tanto esto, que están ocupadas las calles del centro, de Cabecera y de todos los lugares donde hay comercio formal. Está invadido totalmente el espacio público y el transeúnte tiene que dar saltos para poder caminar por las aceras. No se sabe si estos vendedores ambulantes son desplazados, o son indigentes, o empleados de algunas empresas de comercio o simplemente necesitados de subsistencia. Yo creo que ya existe una cultura de la venta informal. Igualmente considero que en este momento creció tanto, que sería muy difícil erradicar esta situación.
De la misma manera ocurre con las vías de Bucaramanga. Los alcaldes no se preocupan por el embellecimiento de las calles y por la calidad de vida. Solamente al terminar su periodo cada burgomaestre contrata algunos “parcheos”, como para pasar a la historia, pero nunca realizan un trabajo organizado, sistemático de mejoramiento de las vías, y en este momento creo que ya es muy difícil solucionar el problema. Casi todas las vías, inclusive las avenidas, están deterioradas, el costo de la reparación integral sería imposible de afrontar con las arcas municipales. Cada periodo de alcalde aumentan las grietas y los huecos en las calles, convirtiéndose en una ciudad que aparentemente acaba de salir de un bombardeo.











