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Viernes 16 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

La restitución de tierras

Columnista: Gustavo Galvis Arenas

A pesar de los diferentes estudios sobre la violencia en Colombia, la causa fundamental de los conflictos está en la distribución de la tierra. Las aspiraciones políticas, las ideologías, terminan siendo una fachada para el apoderamiento de amplios territorios. Por esta razón nos parece dignos de encomio el interés del presidente Santos por aplicar la restitución de tierras. Ojalá que ya sea el último intento y logremos por fin ubicar el campo en su justo lugar y convertirlo realmente en un medio de producción y no en el origen de venganzas centenarias.


El primer intento de reforma agraria lo hizo el general Tomás Cipriano de Mosquera, cuando decretó la desamortización de los bienes de manos muertas. Fue tal el impacto que después de casi dos siglos todavía hay sectores a los que les parece negativa la reforma. Años después el Dr. Alfonso López Pumarejo como Presidente promovió la ley 200 del 36, que establecía la función social de la propiedad, por medio de la cual se defendía la posesión de la tierra para evitar el ausentismo y el abandono. La reacción de los terratenientes fue muy dura y culminó finalmente con la renuncia del presidente López.


El presidente Carlos Lleras Restrepo en 1968 hizo un extraordinario esfuerzo por solucionar este problema con la célebre reforma agraria que acababa con la aparcería y trataba de modernizar el campo. Empezó con mucho vigor pero la corrupción, el poder de algunos terratenientes y la intervención política frustraron la solución definitiva del problema campesino. De ahí en adelante la guerrilla se fortaleció y todas las ilusiones de arreglar el problema agrario fueron aplazadas. Los abusos con la tierra continuaron y el país se vio en un verdadero torbellino social y político.


Pero con el fin de buscar la eliminación de los grupos armados al margen de la ley, apareció un nuevo instrumento político militar como fueron las autodefensas. Se trataba de organizar a los campesinos para que se defendieran de los grupos ilegales. Al principio eran pequeñas unidades campesinas, pero como dice la jerga popular, "se creció el enano". Esas autodefensas se convirtieron en los paramilitares, quienes entraron en contacto con los narcotraficantes y formaron un aparato de destrucción y de dominio de la tierra. Con la ley de justicia y paz se entregaron algunos paramilitares y se inició un proceso interesante para acabar con el poder de estos grupos ilegales. Ahora se trata de que restituyan las tierras que se robaron y así se promueva el equilibrio social.

Autor:
Gustavo Galvis Arenas
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