Publicidad
Sáb Oct 21 2017
22ºC
Actualizado 06:34 pm
Viernes 16 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

El sistema parlamentario

Columnista: Gustavo Galvis Arenas

Periódicamente surgen voces de políticos, tratadistas y comentaristas que piden el establecimiento de un sistema parlamentario en Colombia, como medida para mejorar la acción del Congreso y el desarrollo del gobierno. Hace varios años Piedad Córdoba escribió un ensayo sobre la conveniencia de implantar en nuestro país un sistema semiparlamentario. Quienes así opinan creen que este vistoso sistema puede servir para corregir muchos males del Estado.


Es un sistema exótico en América, se intentó en Chile en la década de los 20 del siglo pasado, pero fracasó. En la convención que aprobó la Constitución de 1886, Guillermo Quintero Calderón, delegado por Santander, presentó un proyecto de Sistema Parlamentario. Don Miguel Antonio Caro, quien dominaba la célebre convención, lo recibió y seguidamente, sin ningún comentario, lo lanzó al cesto de los papeles.


El Sistema Parlamentario, originario de Inglaterra, tiene unas ventajas muy notables. Una de ellas es que en cualquier momento del periodo de gobierno puede el parlamento cuestionar la administración y mediante una moción de censura provocar su renuncia. Además, hay un equilibrio entre el jefe de gobierno y el jefe de estado. En Inglaterra la reina es la jefe de estado y el primer ministro el jefe de gobierno; en Alemania hay un presidente jefe de estado y un primer ministro jefe de gobierno. En casi todos los países de Europa tienen este sistema. Pero se ha dispersado por otras latitudes, como por ejemplo en Japón. El expresidente Samper decía que para él hubiera sido muy importante un sistema parlamentario o semiparlamentario, pues él habría tenido conocimiento durante su periodo si el pueblo realmente lo acataba o no. Dice Samper, que tuvo que pasar todo el periodo defendiéndose, sin saber la verdadera voluntad popular.


Pero la aspiración de algunos colombianos por este sistema, tiene muchos escollos. El más notorio y grave es la organización de nuestros partidos. No son colectividades seriamente organizadas. No soy partidario del bipartidismo, pero la proliferación de pequeños movimientos y grupúsculos con pretensión de partidos no enriquece la democracia, sino por el contrario, la pervierte.  


Esos llamados partidos no tienen ideología, no buscan el poder sino adquirir pequeños poderes a nivel municipal o departamental, sin ninguna trascendencia para el mejoramiento popular o el cumplimiento de las aspiraciones ciudadanas. Razón tenía Maurice Duverger cuando afirmaba hace algunos años que los partidos en Latinoamérica eran prehistóricos. Muchos colombianos nos enfurecimos con la tesis del ilustre francés, pero al final parece que tuvo razón.

Autor:
Gustavo Galvis Arenas
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Su voto: Ninguno (3 votos)
Otras columnas
Publicidad
Comentarios
Agregar comentario
Comente con Facebook
Agregar comentario
Comente con Vanguardia
Comente con Facebook
Agregar comentario
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad