Publicado por: Horacio Serpa
Sigue le violencia. Son muchos años, sin solución, con muertos, con secuestros, con desgracias enormes. En esta ocasión, muertos del Ejército a manos del Eln en el Norte de Santander y muertos Policías ocasionados por otro grupo delincuencial aún no identificado. Desastre, miseria, llanto, resentimientos, anhelos de venganza, gritos reclamando justicia. Una desgracia que no hemos podido superar.
Los elenos han estado pidiendo diálogo con el gobierno. No ha sido posible. Bueno fuera, pero el que tiene en sus manos la decisión y las razones que lo justifiquen, es el señor Presidente. Mientras tanto, la guerrilla no debe incrementar la guerra sino ofrecer actos de reconciliación, de paz. Matar para llamar la atención, para demandar conversaciones, no es lo apropiado. Los subversivos piensan que así conmueven o presionan al gobierno, pero no caen en cuenta que tales violentos golpean a la opinión pública, generan desconfianza y producen más distanciamiento. Y dan argumentos a “los halcones” que viven pendientes de obstaculizar y desacreditar los esfuerzos para la paz.
En Chitagá la violencia fue mortal, atroz. En su ataque le quitaron la vida a un grupo de soldados y ocasionaron lesiones a otros. Los heridos fueron masacrados cobardemente con tiros de gracia, acción villana que viola las reglas de la guerra. Olvidan sus autores, tan afectos a decir que están listos para la paz, que estas acciones entorpecen cualquier interés de entendimiento y deja por fuera de la justicia Transicional a sus bárbaros autores. Hay actos, expresiones de ferocidad, que nunca podrán ser perdonados ni excusados.
No hay nada más importante que la paz. Ojalá que transcurran exitosamente las conversaciones con las Farc en La Habana. Ojalá también se inicien conservaciones con el Eln. Pero no será con esta clase de comportamientos que endurecen al gobierno, a la fuerza pública, y provocan rechazo y repugnancia.










