Sábado 07 de Abril de 2018 - 12:01 AM

La música del sol

Columnista: Hortensia Galvis Ramírez

En el año 2010, Estados Unidos lanzó el cohete Atlas, un laboratorio que permitió a los científicos observar el sol detalladamente por primera vez. Se descubrió entonces que el granulado de su superficie se debe al movimiento de ondas de sonido que reverberan. El sol crea su propia música utilizando 10 millones de frecuencias diferentes, los tonos más profundos salen del núcleo y los más altos de la superficie. Con el análisis de esas frecuencias, objetivo de la Helio-sismología, se ha llegado a conocer el interior de nuestra estrella.

El sol tiene ciclos de 11 años y cada ciclo consta de tres fases: actividad, reverso polar y el llamado mínimo de Maunder, con actividad reducida. En su fase activa, las tormentas y explosiones solares son dramáticas y pueden impactar el campo magnético de la Tierra. Ese campo ha sido nuestra protección por milenios, pero ahora está muy debilitado. Dicen los astrofísicos solares que “si se repitiera ahora un impacto tan violento como el de septiembre de 1859, todos nuestros transformadores se derretirían y veríamos el final de nuestra moderna infraestructura electrónica. Reponer totalmente esa red eléctrica tardaría hasta 10 años. Son dos los disparos que proyecta una tormenta solar: el primero es una llamarada que viaja a dos millones de millas por hora y baña la Tierra con rayos X. Días después llega el impacto de la eyección coronal, un verdadero tsunami de radiación y partículas eléctricamente cargadas, a temperaturas que alcanzan trillones de vatios”.

Los pensamientos humanos son eléctricos, por ello las explosiones solares también nos afectan. Cuando la atmósfera de la Tierra está electrizada, nuestro sistema nervioso se tensiona y experimentamos un exceso de actividad mental. Estas explosiones desencadenan tornados en el planeta, y también en la mente del hombre. Nuestro sueño se altera y hay agitación, enojo y ansiedad generalizados. En esas ocasiones tratemos conscientemente de controlar las reacciones automáticas y permanecer calmados. Para deshacernos de la sobrecarga eléctrica basta con caminar descalzos sobre la grama.

Autor:
Hortensia Galvis Ramírez
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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